Gauchos, frontera de la civilización y la barbarie (1810-1874)

Puntos de partida para la indagación de una problemática social de raíz económica. Trabajo de Gustavo Recalt

Introducción
Si bien es cierto que no es posible hacer cortes precisos en historia, porque las situaciones no se dan de una misma forma en el mismo lugar y el mismo tiempo, este trabajo tomará sólo un periodo en el extenso espacio temporal en el cual ha nacido, se ha desarrollado y ha fenecido el fenómeno social que llamamos “Gaucho”. Se ha indicado en otro trabajo que, si bien para c. 1780 existen gauchos o gauderios en toda la cuenca (Río Grande do Sul, Uruguay, Litoral argentino y provincia de Buenos Aires) hay que considerar que este fenómeno se inició en la zona de influencia de la Compañía de Jesús más precisamente en la región comprendida entre los ríos Pardo y Yacuy, en cercanías de la laguna Dos Patos entre 1640 y 1700 (1). Se llegó a esta conclusión a partir del estudio de los cambios en el Modo de Producción. Pero siendo el interés aquí, el tratar este tema desde el concepto de barbarie y su opuesto complementario de civilización, es necesario recortar el campo de estudio. Por tanto, el mismo se ha centrado en los últimos sesenta y cuatro años de existencia del fenómeno; aunque la mayoría de las características que se contemplen en el sujeto, se hayan formado y establecido bastante tiempo antes. Ya lo ha indicado José Torre Revello: “....Esta figura de destacados perfiles en el siglo XIX” (2) Esto significa que para la etapa que se trata en este articulo, el gaucho, como fenómeno social está completamente constituido. Es a partir de estos perfiles destacados del gaucho decimonónico que se quiere descubrir su esencia, y el sino de su existencia.

Arriba: Gauchos, fotografía de Alejandro S. Witcomb, disponible en el Archivo Fotográfico de la Nación.

Ahora bien, ¿ por qué se ha subtitulado este trabajo Problemática Social de raíz Económica? Pues, porque se considera que ser gaucho implicaba una serie de características especificas del Modo de Producción dominante (Pastoril) entonces decimos que el gaucho es el producto de un Modo de Producción determinado (3). Es que el gaucho es el resultado de una economía basada en la ganadería, que se desarrolla en un marco geográfico particular, que ha producido unas condiciones de vida especiales y a su vez ha dado relaciones sociales de producción particulares. Ese modo de vivir particular, creado por el Modo de Producción dominante, ha servido para encuadrar a los hombres por él afectados, dentro del concepto de barbarie. Desde la óptica de las autoridades, virreinales y posteriores, gaucho es una expresión que se ha usado para designar, por un lado, a unos individuos perdidos, bandidos sin Dios, sin Ley y sin Rey, libertinos, bebedores en demasía, poco afectos al trabajo regular, cuchilleros, etc., etc. y por otro lado, o a la vez, este encasillamiento cupo a gente siempre ligada a la actividad pastoril, siempre se trata de habitantes de la campaña o que merodean por ella. Estamos aquí frente a una indiscutible escisión entre cuidad y campo, y es esta dicotomía la que promueve la problemática que el trabajo plantea; viéndola desde su irreductible vínculo con la Civilización.

I. Bárbaros y Civilizados de los umbrales de la independencia a los primeros tiempos de la convulsión interna.
Como se indicó, el gaucho en esta etapa está plenamente delineado geográfica y socialmente. Este hombre así contextualizado es, en este momento de cambios políticos, cuando se va a desplomar el antiguo orden (por lo menos en algunos aspectos) el mismo sujeto que, desde el siglo XVIII, formaba parte de los ejércitos españoles y portugueses y que apañado por las autoridades fronterizas lusitanas adquiría tierras para establecerse y desde allí efectuaría sus correrías sobre las estancias de territorio español.

Este gauderio, este gaucho, ama su libertad por sobre todas las cosas, no reconoce mas gobierno que el de su daga, respeta a sus pares pero no trepida en degollar a cualquiera que pretenda ofenderlo, es el amo y señor de los campos abiertos por donde transita sin dar cuentas a nadie. No necesita más libertad, le responde al mandón que lo apaña cualquiera sea su lengua o raza y cuando no está cómodo se va sin más, o mata y huye sabiendo que será cobijado y admirado entre sus paisanos, no le teme a nada. De modo que, muy poco le importa que en Buenos Aires la gente desee la independencia, él es independiente ya desde que nació. Así lo ha sugerido, entre otros, Don Carlos Ibarguren: “En la masa popular no había fermentaciones de protesta o rebeldía, la revolución fue hecha por una ínfima minoría, en un ambiente frío y sin que los revolucionarios consiguieran que el pueblo se penetrara del espíritu que a ellos animaba” (4) De modo que la Revolución de Mayo fue la obra de la juventud porteña culta y urbana.

Según acta del Extinto Cabildo de Buenos Aires de diciembre 21 de 1810 “ la gente de la campaña se ahuyentó por causa de las levas y banderas de reclutas” (5) es notable como el Cabildo refleja en los documentos el pensamiento que de estas gentes se tenía en la ciudad: “peones que llaman changadores, miembros corrompidos de la sociedad, gente mal entretenida que se reúne en pulperías y ranchos” Puede verse que entrando en la etapa revolucionaria las representaciones que la sociedad culta se hace sobre el gaucho, son las mismas que había en la etapa anterior. Más halla de esto, apurando una conclusión podría alguien decir que al gaucho, especialmente al de Buenos Aires, no se le puede atribuir participación alguna en el movimiento emancipador, y que si en alguna medida fue protagonista lo fue por la fuerza y por que como dice Coni: “Los vagabundos se plegaron a la causa de la independencia, no impulsados por el propósito constructivo de construir una nación libre, idea incapaz de germinar en sus mentes primitivas, sino, más bien, con el de vengarse de los agravios recibidos de las autoridades españolas y dar rienda suelta a sus instintos sanguinarios” (6) En este mismo sentido, Sarmiento ha expresado que la revolución era sólo de interés para las gentes de la ciudad y que resultó extraña a la campaña. “en las ciudades había libros, ideas, espíritu municipal, juzgados, derechos, leyes, educación, todos los puntos de contacto y mancomunidad que tenemos con los europeos” (7)

Arriba: Domingo Faustino Sarmiento, después de la Batalla de Caseros, en 1852. Daguerrotipo de autor desconocido. El original se encuentra en el Museo Histórico Sarmiento.

Entonces, tal vez existan otras razones más profundas que las expresadas por Coni para la apatía del gaucho y tal vez, esas razones no sean imputables a estos hombres rústicos, o por lo menos no del todo. Si esta gente vivía al margen de la sociedad culta, en un estado de barbarie tal, que ni siquiera tenían los útiles más elementales en sus ranchos; si vivían de la manera más promiscua e indolente y en toda persona que representase autoridad veían a un enemigo y si todo ese cúmulo de calamidades que esos seres debían soportar, implicaba una total falta de interés en el curso de la política y en la revolución que les sacudiría el yugo español; debe uno por fuerza pensar que aquel Estado que estaba apunto de nacer, cuyos hombres ilustrados creían tener puntos en común con la Europa, ya estaba creando o manteniendo las condiciones para que existiera ese tipo de gente en la campaña. Tampoco parece que fuera sólo una cuestión de factores geográficos y climáticos lo que formó el carácter del gaucho como quiere Sarmiento. Para el Gran Sanjuanino la ciudad invita a manifestarse con dignidad, cosa que no aparece en el aislamiento y soledad de las pampas. La pereza y la indolencia del gaucho están justificadas por las privaciones que soporta. “... la sobriedad en los goces trae enseguida todas las exterioridades de la barbarie(8) Es que para Sarmiento la sociedad ha desaparecido por completo, por tal motivo no puede para él haber ninguna clase de gobierno que ataje a estas personas. Sin duda está planteando un gran retroceso social, una aberración para el mundo moderno: “ignoro si el mundo moderno presenta un genero de asociación tan monstruoso como este” (9) Demás está decir que el mundo moderno, para el futuro Plenipotenciario de Mitre, es Inglaterra, Francia, Alemania, EEUU. Lo que para Sarmiento y su pensamiento Liberal es atraso, retroceso social, para Engels – en el otro extremo – es un estadio en la evolución social, que culmina con el advenimiento de la etapa de civilización y la formación del Estado.

Así, siguiendo la línea interpretativa de Engels, y sabiendo que para el materialismo histórico, a partir de la sociedad gentilicia, la barbarie presenta tres estadios bien diferenciados en su desarrollo: inferior, medio y superior, y que en los dos últimos se dan las condiciones para el advenimiento de una era civilizada; puede suponerse en qué punto de ese camino se hallaba el Río de la Plata en el periodo estudiado. Si se mira del lado de la ciudad (Buenos Aires) estaría en el umbral de la ultima fase de la civilización, si por el contrario se mira desde la campaña y la mayor parte del interior; está transitando por el estadio medio a superior de la barbarie. En el caso de la ciudad, es sabido que durante los últimos veinte años del periodo virreinal fue creciendo en Buenos Aires la clase comercial; clase que se había ido formando al amparo precisamente de los cambios políticos y sociales que implicó la creación del Virreynato en 1776 y que son: la formación de una burocracia virreinal, clase de funcionarios que reflejaba cierto boato, y una incipiente clase de comerciantes que va tomando cuerpo paralelamente a ella. Esa clase mercantil, peninsular en sus comienzos, con el correr de los años se va dividiendo en dos, los comerciantes de primera – digámoslo así – que cumplían el papel de agentes directos de Cádiz y los de segunda, criollos y españoles, que ejercían el comercio al menudeo en Buenos Aires y con el interior. (10) Ahora estas dos clases estarán en pugna hasta 1810, y esa lucha comercial, en la que intervienen también intereses británicos y gubernamentales, tendrá un peso importante en los acontecimientos de Mayo. Esto se trae a colación porque la presencia de esta clase de comerciantes está indicando, según los presupuestos de Engels, que el Río de la Plata está en los prolegómenos de la ultima etapa de civilización, las que son tres, la primera que se caracteriza porque la forma de avasallamiento es la esclavitud a través de la relación explotado-explotador; la segunda que se caracteriza por la servidumbre y sería claramente medieval y la tercera donde el avasallamiento toma la forma de trabajo asalariado, ya se verá cómo se explica esto a lo largo de este estudio. “La civilización consolida y aumenta todas estas divisiones del trabajo ya existentes, sobre todo asentando la división entre ciudad y campo y añade una tercera división del trabajo, propia de ella y de capital importancia, creando una clase que no se ocupa de la producción sino únicamente del cambio de los productos: Los Mercaderes” (11) Cuales son las divisiones del trabajo ya existentes: 1° la diferenciación entre tribus de bárbaros y de bárbaros pastores, en el estadio inferior, donde aparecerá la propiedad sobre el ganado, que implica a su vez la división social entre señores y esclavos; la 2° en el estadio superior entre agricultores y oficios que implica una evolución del cambio que pasa a ser una necesidad de la sociedad. Continuando con los mercaderes, dice Engels: “Ahora aparece por primera vez una clase que sin tomar la menor parte en la producción sabe conquistar su dirección general y avasallar económicamente a los productores. Una clase que se convierte en el intermediario indispensable entre cada dos productores y los explota a ambos, so pretexto de desembarazarlos de las fatigas y los riesgos del cambio, de extender la salida de sus productos hasta los mercados más lejanos y llegar a ser así la clase más útil a la población. Se forma una clase de parásitos, una clase de verdaderos gorrones de la sociedad que como compensación se lleva la nata de la producción patria y extranjera, amasa rápidamente riquezas enormes y adquiere la influencia social proporcionada por estas y por eso mismo durante el periodo de la civilización va ocupando una posición más y más honorífica y logra un dominio cada vez mayor sobre la producción.” (12)

Esta exposición de Engels plantea cosas que, con algunos matices se fueron dando en el Río de la Plata. Aunque, en nuestro ámbito hay que aclarar que, a partir del ultimo decenio del siglo XVIII comienza a tomar mayor impulso la ganadería, no sólo en las provincias litorales sino, ya también en Buenos Aires, ese auge irá aumentando, como se verá, entre 1810 – 1815, cuando los comerciantes de segunda comiencen a ser desplazados por mercaderes ingleses que terminarán ocupando la plaza de Buenos Aires definitivamente. (13) Los comerciantes de segunda se dedicaran entonces a abastecer a ese mercado transformándose muchos de ellos en propietarios de tierras, grandes estancieros (algunos como los Anchorena, sin dejar la actividad comercial) entre los que encontramos nombres como Alzaga, Anchorena, Sáenz Valiente, Lezica, etc. lo importante de esto es destacar que en ese contraste entre ciudad – campo puede suceder que: “la ciudad domine económicamente al campo o que el campo domine económicamente a la ciudad” (13) Aquí parece haberse dado un poco de cada cosa, pues en un primer momento vemos que gente netamente ciudadana, tomará las riendas de la producción pastoril, para luego dominar todas las instancias de la ciudad a través de su creciente poder como ganaderos. Por tanto, el peso de la ciudad como núcleo o fuente de civilización se verá un tanto ensombrecido por la dimensión que va tomando el campo y los grupos de poder que de él se benefician. Grupos estos, que bien pronto lograran la propiedad de grandes extensiones de tierra y el dominio de la actividad comercial derivada de la explotación ganadera. Esto, a su vez, les proporcionará pingues ganancias y el poder político que de la gran riqueza se deriva.

Un dato no menor, y a tener muy en cuenta para este estudio es sin duda el comercio intérlope, que ha sido, desde la fundación de Buenos Aires, más importante y productivo que el legal. Es en torno a ese comercio de contrabando que se desenvuelven los gauchos desde los albores de su existencia. Hacia fines del siglo XVIII los grupos de changadores que merodean tanto en esta como en la otra banda del Plata, son sostenidos por los comerciantes porteños para quienes hacen los cueros. Según el diario de Oyarvide citado por Emilio Coni, “Allí, donde había más ganado alzado o cerril se concentraban las pandillas de changadores” Para 1796, según las fuentes, ochocientos o mil gauchos habían acabado casi con los abundantes ganados que pacían en los campos adyacentes al Daimán. “Un año duró la estancia de aquellos hombres, y horrorizaban con las muertes, violencias, robos, y atrocidades con que se trataban aquellas pandillas de forajidos y desalmados entre sí; estaban provistos con ropas, armas, comestibles, bebidas y dinero que comerciantes de Buenos Aires les llevaban por río para pagarles los cueros que les compraban a 4 ó 6 reales. En poco tiempo se juntaron allí hombres de todas las provincias inmediatas.” (14) La situación observada por este viajero en la ultima década del siglo XVIII, será la misma o aumentada en los primeros años del XIX, ni siquiera luego de 1810 este contrabando se detuvo. La junta, si bien entabló un comercio libre con los ingleses jamás hizo decreto o ley alguna que regulase el libre cambio, se instauró de hecho, y las restricciones o persecuciones al contrabando, si las hubo, no dieron resultado en una plaza donde las mayores ganancias venían precisamente de allí. A propósito, cabe consignar que hasta 1807, luego de firmada la paz con los ingleses, el comercio ilegal era monopolizado por los comerciantes de primera de Buenos Aires, aquellos grandes consignatarios de Cádiz. En este momento, el contrabando comienza a ser manejado por los mercaderes de segunda exclusivamente, o sea, criollos y españoles dedicados al menudeo con el interior y con agentes de casas británicas a partir de esta fecha. De allí, obviamente, la pelea entre Elío y Liniers, que disfrazada de política, para los ojos de España, tiene una profunda raíz económica. Se pelean porque cada cual quiere mantener su hegemonía sobre el contrabando y esta será una de las causas que desembocaran en la Revolución de Mayo: La necesidad de los británicos de comerciar con Buenos Aires, y el interés de los comerciantes de segunda, que están con Liniers, en sacar sus productos por esa vía.

Ahora bien, luego de 1810 y hasta más o menos 1812 llegaron al Plata, como se adelantó, gran cantidad de comerciantes ingleses, entre ellos muchos oportunistas y todos movilizados por la posibilidad de enriquecerse aquí y sin grandes trabas. De todos estos van a surgir mas adelante, las grandes firmas comerciales británicas que comenzarán a regular el comercio y las finanzas rioplatenses y que junto a capitales nacionales, en su mayoría ganaderos, formarán un bloque económico poderosísimo. (15) Pero volviendo a los años citados, comienza paralelamente y por efecto de las guerras, de la independencia primero y civiles después, a desplazarse el polo ganadero desde las provincias del Litoral hacia Buenos Aires. Aquí en esta época, entre 1810- 1815, nuestra provincia incrementará ostensiblemente su poder pecuario. Y algo muy importante, empieza a tener real importancia la tenencia de tierras, en adelante habrá mayor cantidad de grandes propietarios. Ese incremento de la actividad pastoril induce a pensar en una mayor cantidad de gente dedicada a la faena rural, pero no es tan simple la cosa, porque contradictoriamente y como se verá más adelante la mano de obra será escasa y habrá un aumento en la persecución de la gente de la campaña. Consignemos, además, que alrededor de 1815 se da un auge de los saladeros como industria precaria, pero compleja para las condiciones de producción reinantes en ese periodo. Todo esto inequívocamente se traduce en progreso para el Río de la Plata, pero a su vez está incrementando las condiciones de barbarie de una parte de la sociedad que, viene moviéndose dentro de los parámetros de la marginalidad desde tiempo atrás, pero que ahora, esa condición se profundiza, y se amplía el sector.

Hasta aquí se ha visto que de acuerdo a la línea de pensamiento de Engels, que, habiéndose desarrollado el comercio por causa de la evolución producida desde el estadio medio de la barbarie, y siendo esa nueva clase producto de la civilización - para nosotros el inicio de la burguesía capitalista en esta parte de América – aun siendo perjudicial y parásita, es necesaria esta clase para la evolución social y parte importante en el proceso de progreso, de civilización. Pero, este auge de la ganadería, que implica una mayor extracción y comercialización de sus derivados, la implantación de los saladeros, el surgimiento de una elite con el dominio de la propiedad de la tierra, que será en adelante punto de apoyo y columna vertebral de su poder como clase dirigente; para Sarmiento es atraso y no progreso. Para él, más que una dicotomía campo – ciudad, es el imperio de la barbarie cerniéndose sobre las buenas costumbres e ilustración ciudadanas, y eso lo corporiza en la figura de los caudillos, en especial Rosas y Quiroga. Entonces dirá tratando de explicar la campaña al desierto del ’33: “Hay en Buenos Aires una industria que cría moscas y son los saladeros, hay otra que cría indios y es el ganado. La naturaleza trabaja para los estancieros y para los indios reproduciendo los ganados. Y cuanto más vacunos haya a tiro de un malón tanto más frecuentes serán los malones.” (16) Hay que coincidir con el Dr. Luna en que estas apreciaciones de Sarmiento encierran su deseo de cambiar el desierto por un país poblado, la estancia por poblaciones compactas, la hacienda cimarrona por hombres y la pampa abierta por la propiedad cerrada. Esas son las raíces de la barbarie según el gran sanjuanino, tanto, que su febril embeleso por lo anglosajón, le hizo ver lo pernicioso de la herencia cultural española y de la raza de estas latitudes.

Digamos, ya que Sarmiento lo ha mencionado, que el indio sí, se halla en el estadio inferior de la barbarie, que es el punto desde donde Engels explicará la civilización, como queda expuesto más arriba, que es un grado evolutivo. “La población está en extremo esparcida y sólo es densa en el lugar de residencia de la tribu, alrededor de la cual se extiende en vasto circulo el territorio de caza.” (17) Este territorio es aquí el ancho espacio comprendido por los campos inmediatos a las distintas líneas de frontera, espacio que iba siendo ocupado a medida que aquellos campos eran poblados, y la línea avanzaba. Delante de la frontera quedaba siempre un espacio neutro, que era recorrido por los indios en sus correrías y cacerías, y que lo comparten con los gauchos que habitan esos campos ocupados, o circulan por ellos, u ocupan los puestos militares. Se produce una relación entre ambas sociedades que no siempre fue conflictiva, sino que la mayor parte del tiempo implicó relaciones pacificas y de intercambio; esto hizo que la sociedad marginal ubicada en ese intersticio que es la frontera, reciba la influencia de dos sociedades a la vez, la civilización, a sus espaldas y la barbarie del primer estadio, del estadio inferior de Engels, a su frente. Esta sociedad netamente bárbara, y a nuestro juicio también su vecina semibárbara deben evolucionar, deben cumplir los pasos de su desarrollo – si nos guiamos por los presupuestos de Engels – cosa que Sarmiento no comparte o no ve, para él son males que están haciendo avanzar más y más barbarie y desintegrando a la civilización, punto de vista sumamente caótico el que Sarmiento presenta. Estos factores malignos de los que adolece la Argentina en estos tiempos, deben ser erradicados porque son un freno para el modernismo, para la construcción de la gran Nación que debe estar a la altura de las primeras de Europa o de su modelo estadounidense. Una vez eliminada esta negatividad que reina en la campaña, ese desperdicio de fuerzas productivas, la inmigración de gente industriosa extranjera daría el impulso para el esperado progreso de la civilización y la formación del Estado.

La dicotomía ciudad – campo, es una consecuencia y una característica impuesta por la civilización, pues está en la base de toda la división social del trabajo. Es en parte el motor del proceso de civilización y es necesario ese enfrentamiento para que se produzcan los cambios. Sarmiento, ve ese antagonismo como una brecha que cada vez se ahonda más en beneficio de la barbarie, es una barrera irreductible reforzada desde la campaña pastoril, que sirve para ampliar la incuria de los caudillos y multiplicar la ignorancia de las masas.

Para seguir adelante, conviene formular la siguiente pregunta: ¿cómo se desenvuelve el antagonismo en esta época, en especial desde la campaña? Obviamente el desequilibrio social existe y el desarrollo de ambos polos es dispar. En Buenos Aires en este tiempo viven alrededor de doce mil personas, y en la campaña debe haber unas seis u ocho mil. Existe como se dijo, un aumento paulatino de grandes tenentes de grandes extensiones de campo, pero sigue habiendo mucha tierra aun, por tanto, este es un factor – la tierra – que está generando gauchos. Se coincide plenamente con el Dr. Carlos Mayo cuando dice: “En la campaña rioplatense hay gauchos porque hay tierra disponible, cuando esta está total y efectivamente poblada sólo hay peones.” (18) Lo que el Dr. Mayo consigna para la etapa colonial sin duda siguió siendo en los primeros años de la etapa independiente y no solamente la existencia de tierras no ocupadas, sino que las grandes estancias sin divisiones, y aun pasada la aparición del primer alambrado en 1854, siguieron fomentando la existencia de este peón rural peculiar. Como se ha adelantado, además de las relaciones pacificas que el gaucho mantiene con los indios, por las condiciones de estabilidad que reinan en este momento con la Junta de Buenos Aires, (entre 1790 y 1820 más o menos, la frontera estuvo pacifica) (19) sigue teniendo contacto fluido con la civilización que se halla a sus espaldas: Los estancieros, los pulperos, buhoneros, comandantes militares, justicia civil de los distintos pagos, Alcaldes etc. Estos squaters, como los ha denominado Mayo, estos outlaw, como los llama Sarmiento, huyen de las autoridades casi todo el tiempo o sirven al mandón de turno que los apaña y que siempre es propietario, no se conchaban con los estancieros por más tiempo que el que le dictan sus ganas, viven agregados o arrimados en los confines de las grandes propiedades siendo su relación con el patrón, una relación de intercambio de prestaciones laborales o cuidado de los limites de la tenencia (puestero) por el usufructo de la parcela que se le permite habitar. (20) La situación de estos hombres es que están en medio de dos sociedades completamente diferentes, y reciben influencias de ambas. Puede decirse que se ubican en el estadio medio a superior de la barbarie. Están evolucionando, no son civilizados a la manera de las ciudades, pero no son del todo bárbaros. Tal vez, podría usarse la designación de rústicos. No debe olvidarse que la mayoría descienden de españoles de buen linaje, que datan de los tiempos de Garay o Hernandarias y desde aquellos años han desarrollado sus capacidades gauchescas viviendo en los campos y entre las vacas. Según muchos viajeros no eran malos ni mal educados y hablaban correctamente un castellano arcaico, y muchos de ellos tienen el don de cantar improvisando versos acompañados de una guitarrilla llamada tiple que posee cuatro cuerdas, como los trovadores medievales. A esta gente rustica, en ese estado de desarrollo no se le puede pedir que vislumbre las bondades de construir un Estado, como al parecer quiere Sarmiento, que se les imponga una forma de Estado, que neutralice la barbarie que no permite la constitución de un país, y que es contagiosa esa barbarie hasta el punto de acarrear males como el simoniaquismo: “La barbarie penetra en la celda del clérigo y convierte su superioridad moral en elementos de fortuna y de ambición, porque al fin concluye por hacerse caudillo de partido.” (21) La imposición de un Estado extra social aumentó los males de esta gente, como se verá en el capitulo siguiente. Según expresa Engels, el Estado nace del propio seno de la sociedad de modo que no puede ser impuesto; no es el estado hegeliano: “La realidad de la idea moral” ni “la imagen de la realidad de la razón” sino, el producto del desarrollo social, claro, Sarmiento o cualquier ilustrado de la época no lo puede ver como Engels, por estar también inmerso en el conflicto, sólo podían comprender, y no totalmente, a Ricardo, Smith, Bentham o James Mill

Sarmiento, ve en el caudillo el compendio de la barbarie y los unitarios de 1826 también, en ese año los gobernadores Gutiérrez, Mota y Bedoya le piden a Rivadavia que acabe con los caciques: Quiroga, Bustos, López, Lavalleja, Zapata y Ferré. Ahora, el pensamiento de los caudillos era bien distinto, Juan Bautista Bustos, le expresa a Facundo que: “Es preciso hacer ver a estos serviles que no somos caciques, sino amantes de la libertad, de nuestra patria y de nuestro pueblo.” (22) Para Sarmiento, son los que surgen de las sombras de la barbarie para aglutinar a los gauchos y no permitir que surja el Estado, al contrario son agentes del caos que persiguen la disociación de las instituciones de la civilización. De una cosa no hay que tener dudas, y es del ascendiente y el poder que esos jefes tienen sobre las masas.

II. Los Caudillos Jefes de Bárbaros: etapa de las luchas civiles hasta caseros y el Gaucho
Una incompleta “galería de celebridades argentinas” tal vez, nos haya acostumbrado a ver en los caudillos, factores de desintegración, anarquía, muerte, atraso, oscurantismo. Casi podría decirse que surgen de la historia como los protagonistas de la página más negra de la Argentina, los portadores de los signos más conspicuos de la barbarie. Retomando las palabras del General Bustos, “somos amantes de la libertad, de nuestra patria y de nuestro pueblo” esto no concuerda con las caracterizaciones que ha hecho Sarmiento, al contrario, Bustos en 1826 está dando idea de una sociedad distinta donde existen, el sentimiento de patria, de libertad y de pueblo. Quizá el pueblo del que Bustos le habla a Facundo, es el que se queda afuera de la pluma del Gran Maestro. ¿Son los gauchos ese pueblo? O por lo menos, ¿en el imaginario de estos jefes, el gauchaje, forma parte del pueblo? Habrá que desvelar esto.

Arriba: Retrato de la Batalla de Caseros realizado por Juan Manuel Blanes (1830 - 1901) y conservado en el Palacio San José.

Se ha indicado que los caudillos tienen poder, un poder que les permite enfrentarse al Estado. En esta época el Estado está representado por Rivadavia y su grupo, este Estado unitario no surgió de la entraña de la sociedad, por lo menos no del total, es un Estado impuesto que se eleva por sobre la sociedad. “...los funcionarios aparecen ahora situados por encima de esta. El Estado libra letras sobre el futuro, contrata empréstitos, contrae deudas de Estado.” (23) Ese Estado rivadaviano es resistido por las provincias y las masas en pos de los caudillos logran derrocarlo. Puede entonces, siguiendo la línea de Engels, comparase al caudillo con un humilde jefe gentil a quien el príncipe más poderoso o el hombre publico o guerrero mayor de la civilización, pueden envidiar; por el respeto espontáneo y universal que a aquel se le profesa. Uno se movía dentro de la sociedad, el otro se veía forzado a pretender representar algo que está fuera y por encima de ella.

Para los años posteriores a 1810, se hace visible esta división: grupo civilizado – grupo bárbaro o semi bárbaro, y está íntimamente relacionada con la contradicción ciudad – campo. La ciudad, la civilización, es de los ilustrados, de los Directoriales o Unitarios. Los hombres de levita tienen el poder en la ciudad. El campo es de los caudillos, el saladero es de los caudillos, el matadero es de los caudillos, la estancia, las vacas y los peones son de los caudillos. Puestas así las cosas, parecen simples, pero no es así, no tan simple. Hay que contemplar los intereses de Buenos Aires sobre el resto, los interese de los grupos económicos y de poder, las divisiones dentro de los grupos políticos

En esta época los grupos económicos de Buenos Aires tienen intereses en el campo. Los grandes hacendados tienen intereses comerciales y políticos en la ciudad, en el campo más allá de su fortuna tiene su clientela, y por otra parte son absentistas. “Los grandes propietarios en general, como en épocas anteriores, optan por vivir en forma permanente en la ciudad y en forma ocasional en los establecimientos rurales en realidad, en este sentido, poco había cambiado con respecto a fines del siglo XVIII.” (24) Esto explica en parte la falta de arraigo en la pampa y la dejadez de las construcciones en las estancias. El gaucho de esta etapa está comprometido, más que el del siglo anterior, con la relación patrón – cliente que se deriva de una ruralización del poder. (25) El patrón lo salva de las levas y de los castigos que el Estado ha implementado para proletarizarlo (implementación de leyes en las que el terrateniente tiene gran participación) el patrón junto al Juez de Paz maneja las papeletas que el peón necesita para circular por la campaña. También en ocasiones si el peón se ha desgraciado (hecho una muerte) lo oculta. “El estanciero Don Juan Manuel de Rosas antes de ser hombre público había hecho de su residencia una especie de asilo para homicidas, sin que jamás consintiese en su servicio a los ladrones, preferencias que se explicarían fácilmente por su carácter de gaucho propietario.” (27) Lógicamente entre los gauchos hacer una muerte era una cuestión vinculada al honor pero ser ladrón era una bajeza. Rosas, Quiroga, López, Artigas, eran gauchos antes que comandantes o políticos, y allí estriba el ascendiente que tenían sobre la gente, por eso los respetaban espontáneamente y les temían. Gauchos, indios, negros, lo mas granado de la barbarie, confían en su caudillo Don Juan Manuel, él en compensación les aportó regalos y beneficios – afirma Félix Luna – En Buenos Aires, Rosas, se ganó así el apoyo de las masas populares, que por primera vez se habían convertido en un elemento de presión política. (28) Esto visto por Sarmiento o Alberdi era desde todo punto de vista un vehículo hacia la dictadura, hacia la tiranía creada por una mayoría bárbara. (29)

Siguiendo adelante en el asunto, debe establecerse que si bien Rosas a partir de 1829 asume la dirección total del partido federal en Buenos Aires, no puede decirse que esas ideas hayan sido las que realmente el Restaurador profesó imparcialmente. Rosas, tanto como Dorrego o el mismísimo Lavalle, ante todo eran porteños y esto hay que tenerlo muy en cuenta para entender el desarrollo de una etapa de nuestra historia como esta. No se puede, por tanto, equiparar el federalismo de Rosas con el de Artigas, por ejemplo, como hace Sarmiento a la hora de hacerle cargos a los caudillos. Sarmiento en su caracterización de la montonera, toma el ejemplo de Artigas como factor de “ferocidad brutal y espíritu terrorista” lo que ha sido heredado y convertido por Rosas en un sistema de legislación aplicado a la sociedad culta. Concediéndole la razón, aun cuando él es parte de la confrontación político-ideológica y asegura: “Rosas no ha inventado nada, su talento consistió en plagiar a sus antecesores y hacer de los instintos brutales de las masas ignorantes un sistema mediato y coordinado fríamente.” (30) Se estaría aceptando una simplificación de la historia, en especial en lo tocante a la actuación de Artigas. Sarmiento lanza sus acusaciones contra la montonera y la compara con la Horda, además, la contrapone al pundonor de los ejércitos ciudadanos civilizados, resaltando en estos su disciplina y superioridad. Pero para que la justicia sea más completa y veraz habría que contrabalancear esto con los ejemplos que sobran en la historia argentina sobre la actuación de las tropas de línea de Buenos Aires. Es sabido que en 1820 estando las tropas al mando de Martín Rodríguez acampadas en las cercanías de la villa del Luján “los soldados desparramados por las chacras y campos vecinos robaron lo que encontraron a su paso” Más tarde, luego de enfrentar a Carreras, y a López y Ramírez, el ejercito de Buenos Aires ocupó San Nicolás, y “el pueblo fue entregado al saqueo de la soldadesca, solamente los Colorados del Monte guardaron disciplina y respetaron a los pobladores” (31)

Si se quita al bandido chileno Carreras, no son los montoneros los que efectuaron actos vandálicos, sino las tropas que se suponía iban a defender los intereses de la población y asegurar los logros de la civilización. Sarmiento presenta a la montonera como la expresión más acabada de la guerra bárbara y el signo de la desintegración, que por el mismo hecho de ser caótica triunfa sobre las fuerzas de la civilización, que ante un genero tan singular, se sorprenden, se fatigan y sucumben. “La montonera sólo puede explicarse examinando la organización interna de la sociedad de la que procede.” (32) Nos preguntamos si no es acaso la misma sociedad de la que procede Sarmiento, sólo que marcada por la dicotomía cuidad – campo. Tenemos a la Ilustración, al pensamiento Liberal, que pretende escindirse del primitivismo perdurable en la campaña, donde la otra parte de esa sociedad, de la que aquella se avergüenza, es la frontera con la verdadera barbarie, que sí es una formación social distinta.

Conviene recordar que el gaucho, de acuerdo al Modo de Producción al que está sujeto, tiene una vida muy sencilla, en ranchos infames, con costumbres reñidas con las de la ciudad. Pero, utiliza elementos que provienen de la civilización, por ejemplo, el gaucho no hila ni teje su ropa la obtiene del cambio que realiza con la civilización, sus aperos son herencia española y morisca, y el freno que usa fue copiado y fabricado en Inglaterra, su facón o daga, y su ductilidad en el uso, le viene de Andalucía y sin duda se ha fabricado en Flandes.

Por otro lado, si el gaucho se conchaba, en ese corto periodo está produciendo para la civilización, si hace cueros, legal o ilegalmente, ese producto no se queda en la campaña, va al mercado, a los centros civilizados; a la vez, si viste un poncho seguramente viene de Yorkshire y si usa una pava para tomar mate, sin duda es de Manchester. Quizá deba pensarse que el gaucho a lo largo de su existencia, ha sido el fruto de la civilización, la que reniega de él y lo persigue, quiere proletarizarlo, lo hace formar parte de una montonera; pero a su vez lo forma. Esa es la contradicción permanente en esta sociedad. Entonces, el estado semi bárbaro está siendo reproducido por un estado, si no, semi civilizado, carente aun de desarrollo. Ya que el Modo de Producción dominante determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general, el gaucho es además del producto del Modo de Producción, la consecuencia del conflicto entre las fuerzas sociales productivas y las relaciones de producción.

Hasta el momento no se ha mencionado el vínculo más claro del gaucho con la civilización, donde el sujeto toma contacto con muchos aspectos de esta y que por lo tanto es un factor de sociabilidad en medio de la pampa. Se trata por supuesto de la pulpería, es el sitio de reunión de los gauchos, allí encuentra todo lo que necesita, se entera donde se puede conchabar, entra en contacto con puebleros, allí sabe si habrá una leva o si su caudillo esta juntando gente, allí se leen los periódicos de la ciudad y las autoridades saben que es el lugar donde podrán encontrar candidatos a vagos y mal entretenidos. La pulpería será desde los tiempos de la colonia blanco de las quejas de los hacendados por las reuniones de hombres sin ocupación y de las disposiciones del Estado por igual motivo, y porque no se los puede sujetar a trabajo regular. De tal manera que en este período encontramos que va a tomar mayor fuerza la persecución por parte del Estado haciendo hincapié en la movilidad de estos hombres intentando por todos los medios coartar su excesiva libertad. Las medidas serán además de arbitrarias, particularmente duras. Es que obviamente, como asegura Engels, “Los funcionarios, vehículos de un poder que se ha vuelto extraño a la sociedad, necesitan hacerse respetar por medio de leyes de excepción merced a las cuales gozan de una aureola y de una inmovilidad particulares.” (33) Así, vemos que el 5 de junio de 1822, Bernardino Rivadavia promueve la Ley de Enrolamiento que se sancionó el 2 de junio del mismo año. El pensamiento del momento era que los vagos no podían formar parte del ejército pues “Son individuos sin patria ni hogar” Por tanto, se intenta instituir el sorteo previo entre todos los ciudadanos (ciudadano de pleno derecho según el Estatuto Provisional de 1816, era aquel que poseía medios de fortuna) como el gaucho no tenía fortuna tampoco de acuerdo a esto poseía patria ni hogar, pero debía permanecer al servicio de los que según el Estatuto Provisional eran tenidos por hombres de bien. (34) Rivadavia busca equiparar las cargas públicas, pero en la Ley sancionada luego, se aclara bien que se exceptúa del servicio a los comerciantes, tenderos, propietarios de fábricas y hacendados y, además, todo aquel que le tocase incorporarse podía contratar a un personero. (35) Vemos aquí, como perviven en los hombres de Buenos Aires, de la primera mitad del siglo XIX, ideas que vienen de fines del siglo anterior; hablamos de los derechos que el Estado concede a sus ciudadanos, los que se gradúan de acuerdo a la fortuna que poseen. Al respecto Engels ha expuesto: “Con ello se declara expresamente que el Estado es un organismo para proteger a la clase que pose, contra la desposeída. Este reconocimiento político de la diferencia de fortuna no es nada esencial. Por el contrario denota un grado inferior de desarrollo del Estado.” (36) Cabe consignar que aquel equilibrio buscado por Rivadavia no era otra cosa que esto que ha apuntado Engels; es evidente esto cuando se analiza quienes no serían afectados por la ley y quienes quedaban desamparados. Por otra parte es obvio que el gaucho era tenido por un ser inferior y sencillamente como una desgracia para el Estado y más aun para los grupos económicos actuantes en esta época; es decir, no entraba en los planes de nadie como grupo social, aunque tal vez, sí para ser usado por algunos grupos de poder hasta llegar a afianzarse en la cúspide, lo cierto es que en este tiempo y por un largo período más el gaucho fue considerado un bárbaro marginal que debía ser inmovilizado socialmente o exterminado lisa y llanamente. “La conscripción y las levas con destino al ejército en campaña y a la marina de guerra, injustos y primitivos procedimientos que se nutrían principalmente de la modesta población de las orillas, contribuyeron a que el régimen rivadaviano careciera de apoyo activo en estos sectores.” (37) Completando lo anteriormente expresado, abría que agregar que el grupo Directorial, llamado Unitario, el entorno rivadaviano, adoleció siempre de una particular soberbia, que les restó en todo momento el apoyo de la masa popular. Su forma de tratar al pueblo fue siempre peyorativa, quizá, por la superioridad que les daba su ilustración; esto también hacía que fuese un grupo muy reducido. Esto ha sido expresado en muchas oportunidades por el Dr. Fernando Barba, “Los Unitarios no tuvieron la capacidad de ver que la gente quería participar, ni la viveza de hacerle creer que participaban; cosa que sí hicieron los Federales, aunque en realidad las cosas para el pueblo continuaran del mismo modo; provocaban una suerte de embeleso en la masa que los acercaba a ese pueblo.” (38) Se coincide con el Dr. Barba pues Rosas era popular entre los estancieros porque además de pertenecer a ese grupo, siempre defendió sus intereses, con los indios por que por medio de dádivas los mantuvo tranquilos y con los gauchos también pues logró que lo reconocieran como a un par; aunque su situación no cambiase desde el siglo XVIII.

Parece oportuno citar aquí aquel episodio que protagonizó Rosas antes de la Batalla de Caseros, con los soldados de la división Aquino; los que sublevados en Santa Fe llegaron a Santos Lugares a servir al Restaurador. “Quinientos soldados, gauchos en su mayoría, que han servido fielmente a Rosas durante más de quince años en las campañas contra los indios, en la revolución del sur, en las luchas contra Lavalle y en el sitio de Montevideo, regresan a su patria vivando a Juan Manuel. Se trata de la fuerza veterana de Oribe que como consecuencia de su capitulación pasa a formar al ejército de Urquiza. El Coronel Unitario Pedro León Aquino, compañero y amigo de Sarmiento y Mitre, es nombrado su jefe, al llegar a Santa Fe se revela la tropa y da muerte a Aquino y a todos los oficiales Unitarios...... Llegados a Santos Lugares quieren presentarse directamente y pronto ante Rosas a quien esperan con sus caballos de la rienda, Rosas les promete verlos al día siguiente. El General Rosas entró al galope por el centro de las cuadras donde están alojados aquellos hombres, que se acercan vivándolo a besar sus manos y a abrazarlo.” (39) Esta demostración de afecto de estos gauchos indica la popularidad del Patrón de los Cerrillos, el paisanaje lo ama y Sarmiento se pregunta sobre este episodio ¿Qué era Rosas para ellos? o ¿Son hombres estos seres? Las preguntas de Sarmiento confirman de alguna forma lo expresado anteriormente por el Dr. Barba, sobre el partido Unitario y sus personajes; no entendían a las gentes comunes. Esos gauchos no fueron a enrolarse voluntariamente fueron enviados al ejército sin duda por los Jueces de Paz y los Alcaldes mediante levas y reclutamiento forzoso, pero aun así aman a su Ilustre Restaurador de las Leyes. Interrogándose al revés que Sarmiento podría preguntarse ¿Qué eran estos hombres para Rosas? Sin duda eran solamente gauchos, muchos morirían el 3 de febrero próximo, pero es obvio que Rosas había sabido granjearse su confianza. No lo sabemos, pero si se nos permite el contrafactual, tal vez en esos momentos cruciales, a pesar de su frialdad y dureza de carácter, aquellos hombres rústicos y simples, lograron conmoverlo.

Retomando el asunto, bajo todos los gobiernos desde la colonia, y en la época que se está tratando en particular, el gaucho soportó todo tipo de presiones e intentos de inmovilización social que el Estado arbitraba al respecto, a esto deben sumarse, siempre, los intereses de los grupos de poder, puntualmente los ricos hacendados y saladeristas de Buenos Aires. Por lo tanto no parece que “la ruina y decadencia de la civilización” sean provocados por “los rápidos progresos que la barbarie hace en el interior” como explica Sarmiento. No es cosa de “un espantoso retroceso a la barbarie.” (40) El motivo es la inmadurez de toda la sociedad, incluso aquellos grupos de poder y no sólo de aquellos individuos que se hallan fuera de la órbita civilizadora de las ciudades.

Existe también otra cuestión que ha incidido de forma determinante sobre los males que Sarmiento denuncia en su obra, y es la distribución y ocupación de la tierra; mal que es de larga data, pero que va adquiriendo magnitud a partir de 1810, se ha hecho referencia a esto en el capítulo anterior, y en estos años es sensiblemente más notable la aparición y fijación en Buenos Aires de grandes y poderosos terratenientes. Este grupo de poder económico primero, que no tardará en adquirir poder político después, es un grupo que actúa en Buenos Aires, en estos años, ligado a numerosos capitalistas británicos que invierten en propiedades rurales, ganado, manejan el comercio de importación y exportación, también controlan el contrabando, el comercio con el interior y, además, manejaron el Banco de Descuentos, y ahora manejan el Banco Nacional, creado por los rivadavianos. Son los mismos también que contratan el empréstito Baring Brothers. Aumentarán de esta manera los grandes latifundios, aparecerán las inmensas estancias de leguas y leguas de extensión, se afianzarán los saladeros. Ese acaparamiento de tierra en pocas manos contribuyó a la pervivencia de una masa campesina con ocupación inestable y nómade. (41) En el interior, al latifundio se suman las guerras y la destrucción de las economías coloniales, lo que en conjunto estimuló la desintegración de la población rural provocando el crecimiento de la masa rural trashumante, sin hábito de trabajo, sin ubicación social, ni protección del Estado. Para Bagú, de allí nace la montonera y comienza a explicarse el caudillo que va a organizar a esa masa rural dispersa.

Este es un proceso que se produjo en toda Iberoamérica y que se ve desde la segunda mitad del siglo XVIII, pero que aquí comienza a notarse a partir de la primera parte del XIX. “Este proceso económico – social, aparece en Brasil con los bandos sertanistas y los clanes fazendeiros en la segunda mitad del siglo XVIII, en Venezuela y México después de la independencia. En todas partes, a su sombra se desintegran las instituciones coloniales, naufragan los primeros intentos de reordenamiento político – institucional de los nuevos países y se escribe el capitulo de las guerras civiles, de los caudillos y del regionalismo reaccionario.” (42) En Buenos Aires, es done se expanden y se abroquelan los grupos que se benefician de la ganadería y sus derivados, del comercio y lo que es muy importante de tener en cuenta, del usufructo de las rentas de la aduana. En las provincias desde 1810, se ha arrasado con las pequeñas burguesías territoriales y urbanas, y han surgido de aquellas cenizas, los caudillos, jefes militares con gran carisma y con poder de cohesión sobre las masas desheredadas.

Respecto del “regionalismo reaccionario”, puede decirse que fue el motor de la lucha caudillesca, esto se ve claramente al analizar los hechos ocurridos a partir de 1820, cuando la lucha más que entre dos partidos es entre los intereses porteños y los del interior. Ese interior donde, digámoslo, siempre hubo provincias pobres sin que la culpa de ello fuese totalmente de Buenos Aires, desde los tiempos de los virreyes, luchara ahora contra la hegemonía porteña; y la nuestra, la provincia más rica, la más ilustrada, que maneja los fondos de la aduana, tendrá su lucha contra sus hermanas por imponer y hacer prevalecer sus prerrogativas. Es que Buenos Aires no quiso nunca que el resto del país se organizara constitucionalmente y que lograra cada provincia su autarquía fuera de su influencia política; por esa razón retira los diputados de Córdoba luego del Tratado del Cuadrilátero, y no se avanza más sobre un Congreso de corte federal. Allí estará radicada la reacción de los distintos jefes de provincia. Lo mismo sucedió cuando la Asamblea de 1813 rechazó las instrucciones de Artigas y a sus diputados, declarándolo a él y su gente excluidos del Congreso General Constituyente. Aquellas instrucciones emanadas del Congreso de Tres Cruces encerraban las ideas autonomistas y federales de las provincias litorales y esto lógicamente lesionaba los intereses políticos y económicos de Buenos Aires. Se trae a colación esto, pues se considera del todo inexacto lo expresado por Sarmiento sobre Artigas: “Artigas, baquiano, contrabandista, esto es, haciendo la guerra a la sociedad civil, a la ciudad, Comandante de Campaña por transacción, Caudillo de las masas de a caballo es el mismo tipo que con ligeras variantes continúa reproduciéndose en cada Comandante de Campaña que ha llegado a ser Caudillo.” (43) Pero Artigas, coincidiendo con Bagú, es la excepción en el universo de los caudillos. Sarmiento simplifica los hechos y hace cargos en los que injustamente encasilla a personajes que han tenido distintos fines, distintos pensamientos, en distintas situaciones. Más adelante “El Padre del Aula” dirá que la guerra de los caudillos contra las ciudades tiene como fin “Liberarse de toda sujeción civil desenvolver su carácter y su odio contra la civilización” (44) Deja claro por otra parte, que la civilización, la ilustración, o sea, los liberales, unitarios, directoriales, ministeriales o como quiera uno llamarlos, triunfaron sobre los españoles para dar mayor amplitud a la civilización, y las campañas: Artigas, Bustos, Quiroga, López, Rosas, los gauchos, triunfan sobre las ciudades destruyendo la civilización y echando por tierra el esfuerzo de la ilustración por tener un país desarrollado y moderno. Sarmiento piensa, y luego escribe: “Con el triunfo de estos caudillos toda forma civil aun en el estado en que las usaban los españoles ha desaparecido en unas partes totalmente, en otras de un modo parcial, pero caminando visiblemente a su destrucción. Los pueblos en masa no son capaces de comparar distintamente unas épocas de otras, el momento presente para ellos es el único sobre el cual se extienden sus miradas; así es como nadie ha observado hasta ahora la destrucción de las ciudades y su decadencia, lo mismo que no prevén la barbarie a que marchan visiblemente los pueblos del interior” (45) Sarmiento no logra ver en su análisis que esto que sucede no es producto de la barbarie sino de la civilización que se va desarrollando y como afirma Engels “Poniendo en movimiento los impulsos más viles de los hombres y a costa de sus mejores disposiciones”

Sucede, por otra parte que cuanto más desarrollo alcanza la civilización más tiende a disimular, o directamente negar los males que ha creado. Uno de esos males, según el materialismo histórico, es la propiedad privada de la tierra; ya se ha indicado como el latifundio contribuyó a la formación de una masa rural desclasada y hay que tener en cuenta, además, que los caudillos son en su mayoría grandes propietarios. Rosas es producto del estado de evolución de la civilización, es un producto social, no se halla fuera de la sociedad.

El Estado en este período de estudio ha ido tomando diferentes formas pero siempre ha sido el Estado de la clase dominante; desde Rivadavia y el poder de los directoriales, hasta Rosas y su largo gobierno, en el que Buenos Aires consigue plantar su hegemonía política y económica sobre el resto, el Estado ha sido lo que Engels ha definido: “Una máquina destinada a reprimir a la clase oprimida y explotada” (46) Si bien como se ha indicado la popularidad de Rosas tal vez, no halla hecho tan evidente la represión e intento de proletarización del gaucho, esto estuvo bien presente, sería una necedad negarlo. El peón rural rioplatense de esta época y la anterior ha diferido de los que lo sucedieron por tener más libertad – como bien lo ha indicado el Dr. Carlos Mayo – podía entrar y salir del circuito laboral cuando quería; pues tenía un poder de negociación mayor, “No es un caso de servidumbre sino un precoz caso de asalariado libre” (47) Por tal motivo y sin negar la explotación y la diferencia social existente entre propietarios y trabajadores se coincide plenamente en que también aquí existe un problema generado por la actitud del peón rural y es su falta de disciplina y su inestabilidad laboral; claro que esto no exime al Estado por el uso del cepo, los azotes y la barra de grillos. Esa actitud de los gauchos frente al trabajo es también una consecuencia de la evolución social de la civilización, pues es una conducta propia del trabajo preindustrial. Esta situación – seguimos insistiendo – es creada por una sociedad que no ha logrado su madurez y que, si los gauchos están con un pié en la barbarie completa y el otro en la civilización, ésta civilización también está entrando recién en la etapa moderna en la cual perviven algunas formas que recuerdan al feudalismo, pero la forma de avasallamiento es el trabajo asalariado. En este caso se trata de un trabajador asalariado muy particular, es un marginal asalariado, se hace esta afirmación por que es evidente la posición del gaucho en una situación ambivalente, de bisagra social, entrando y saliendo de la producción. (48) Como se ha consignado ya, esta gente esta encuadrada a media en las redes de la comunidad, por tanto, contribuye tanto a la reproducción temporal de las relaciones dominantes como a su no-reproducción y aquí es cuando los persiguen.
La situación planteada es perfectamente aplicable al gaucho desde su aparición en el Río de la Plata y se mantuvo en ella hasta que dejó de ser gaucho. Por eso, tal vez, no deban recargarse las tintas sobre la figura y el gobierno de Rosas, respecto de todas estas situaciones. El sistema de enfiteusis, por ejemplo, fue quitado por Rosas, es verdad, pero no había demostrado ser la solución al problema de la tierra; según Avellaneda la enfiteusis no podía realizar el estímulo que sus autores se proponían cuando el propio y absoluto derecho de propiedad no lo había logrado. (49) El mismo Sarmiento lo califica de “sistema fatal.” Dice Cárcano: “No afirmaba una promesa de seguridad para el patrimonio. Faltaba la palabra comprensiva y atrayente de la propiedad.” (50) Rosas en este sentido, no atropelló ninguna legislación, ya que la enfiteusis comenzó a desplomarse ya en el gobierno de Dorrego (Ley del 28/II/1828 y 18/VII/1828) lo que Rosas hizo fue conservar las cosas tal cual venían siendo – claro que a él como propietario esto lo beneficiaba – desde la época colonial tanto en el tema de tierras como respecto del peón rural. Algo no se puede discutir y es que Rosas fue un hombre de orden, para él el orden, como para muchos de su época y de su grupo, venía dado por el mantenimiento del Statu-Quo tal como era antes de 1810. Rivadavia en 1821 había decretado la pena de azotes para los ladrones, poniendo en manos de justicia de paz un arma eficaz para utilizarse en beneficio de los hacendados. En 1804 el Virrey Sobremonte impone la papeleta de conchavo y el 17 de julio de 1823 Rivadavia ratifica el uso de la misma que debía ser expedida por el comisario del partido y, además, nadie podía contratar peones que no tuviesen dicho documento. (51) De tal manera que a Rosas lo único que se le puede criticar en este sentido es el haber mantenido la cosa pública según su pensamiento conservador. “En posesión del poder y como lógica consecuencia de la representación económica y política de los hacendados bonaerenses, proseguirá aplicando todas las reglamentaciones anteriores contra la vagancia y ordenará realizar levas similares a las de los gobiernos que lo precedieron” (52)

Rosas fue educado bajo las máximas del derecho colonial español, por lo tanto, sus actos estaban regidos por esas ideas por supuesto que de ninguna manera le serían simpáticas las ideas liberales de los hombres de mayo y mucho menos las reformas rivadavianas; es más, el problema del gaucho lo va a ver como un problema nacional y esa importancia le da en 1831 cuando dirige su mensaje a la legislatura comunicando que: “Se ha destinado al servicio militar a los vagos y mal entretenidos y sobre ese plantel se han formado varios escuadrones” (53) En 1848 vuelve a reiterar esto haciendo notar que los Jueces de Paz no cumplen con la remisión de vagos a Santos Lugares.

Sin lugar a dudas durante la etapa rosista la campaña continúa produciendo gauchos y el Estado represión y sujeción. Entre 1836 y 1852 – asegura Cárcano – se dio un gran incremento en la cantidad de grandes propietarios “El mismo espíritu argentino enemigo de la agricultura y de la pequeña propiedad los lanza a la propiedad de extensas tierras donde practicaban la industria viril de la ganadería y vivían sintiéndose caudillos por la cantidad de gente que residía en su dominio” (54)

Hay un incremento en las levas en esta etapa debido a las guerras que se suceden como oposición al régimen, como así también hay una mayor atención del gobierno hacia estas cuestiones, lo que se nota por ejemplo en lo referente a las invernadas de yeguarizos. En Cañuelas se encuentran varios documentos al respecto, la invernada de caballada se encontraba en el Cuartel V que incluía a la Parroquia de Remedios, en la estancia del mismo nombre (actual Aeropuerto de Ezeiza) propiedad del Cónsul de Prusia Francisco de Halbach. En los momentos cruciales, cuando había alerta por algún hecho de armas, las notas cursadas por la comisión encargada de reunir las caballadas toman un tono imperativo y hasta diríamos desesperado. Esto se comprueba, por ejemplo, ante el avance de Urquiza cuando el Juez de Paz de Cañuelas Rosario Acosta, dirige una nota con fecha 27 de enero de 1852, al encargado de la comisión Don Máximo Terrero, el Juez de Paz se disculpa, pues Terrero lo había increpado en nota anterior por no haber reunido las caballadas del partido y haberlas enviado a un punto determinado del Río Matanza, y el tiempo apremiaba. El Juez interpone el motivo de que algunos cuarteles no habían podido juntar los caballos por haberse ido estos campo afuera y, además, dice que esta esperando las que deben enviarle desde Lobos y San Vicente. (55) Con estos mismos motivos se requisaban caballos y hacienda de particulares y por supuesto gauchos.

Se implementa el sistema de filiaciones, por un lado, para saber quienes eran unitarios y quienes federales, por otro lado para que los jueces tuviesen las características de los desertores así como las de los enlistados como soldados, éstas se enviaban a Buenos Aires. En 1831 Rosas le pide al Juez de Paz de Cañuelas una clasificación de unitarios del partido. Observamos que todos son de fortuna y tienen estancia, la mayoría lee y escribe, se transcribe una la de Ulpiano Barreda por que luego de Caseros se le devolverán sus bienes y será Juez de Paz, Presidente de la Comisión Municipal posteriormente. “Ulpiano Barreda: empecinado unitario, 55 años de edad, casado, natural de Buenos Aires, de fortuna considerable, con estancia al sur de este pueblo, sabe leer y escribir. Unitario Malo.” (56) Nótese que este propietario no es nativo de Cañuelas y presumiblemente tampoco habitaba en este pueblo en esta época, los propietarios unitarios antiguos latifundistas eran despojados de sus propiedades, las que pasaban a manos federales.

No se puede negar que esta fue una época particularmente dura para los peones rurales en especial el segundo gobierno de Rosas se caracterizó por la mayor presión sobre la masa rural de peones y la formación de contingentes militares. Durante el primer gobierno se vio en Buenos Aires una literatura de corte gauchesco tanto unitaria como federal, sólo que los unitarios usaron más el tema social contra Rosas. Lo importante de destacar es la popularidad que el gaucho alcanza en este período; en el segundo gobierno, con la suma del poder público, este tipo de literatura se prohíbe.

La situación del hombre campestre en esta época y en la anterior, y aún después de Caseros esta determinada por la estructura económica del país en ese momento. Rosas manejó al país como una gran estancia y lo organizó de esa forma. Alberdi sostenía que el poder de Rosas residió en la forma de ser y condición de ser económica del país. (57) Es decir, el modo de producción dominante generador de gauchos.

III. De Caseros a Juan Moreira; Bárbaros, vagos y mal entretenidos, ¿qué fueron los gauchos?
Entrando ya en la ultima etapa de este estudio y puede decirse también en el tramo final de la existencia del sujeto del mismo, muy al contrario de lo que podría pensarse, con la caída de Rosas y el advenimiento de un nuevo régimen – nótese que decimos nuevo y no distinto – la situación de los gauchos, o de los peones rurales no cambió en nada; al contrario parece que las cosas fueron empeorando. “En algunos casos la presión ejercida supera a la de las décadas anteriores. En este sentido se escucha con mayor frecuencia apasionadas denuncias debido a las irregularidades cometidas contra la dignidad humana y los más elementales derechos.” (58) Las levas se multiplican, y la justicia de paz toma mayor protagonismo, desde que por medio de un proceso verbal, sin apelación, se encarga de sancionar los delitos. No es difícil imaginar los abusos que se cometerán. Vago y mal entretenido podía ser cualquiera que no fuese de la simpatía del Juez o del Patrón. El hacendado y el Juez de Paz (quien también es propietario) el comandante militar del departamento, a la sazón también estanciero, serán en adelante los que decidan quienes son vagos y mal entretenidos y los que por tal motivo marcharan en un contingente o irán al cepo.

Así, en 1852 se ordena que se formen en los distintos partidos de la campaña, comisiones presididas por el Juez de Paz, secundado por vecinos respetables, o sea propietarios o grandes terratenientes, para organizar y determinar las levas. (59) La situación y las prácticas son las mismas; serán más frecuentes ahora las quejas de los grandes propietarios al gobierno sobre los agregados y los pequeños propietarios que ocupan legal o ilegalmente los intersticios existentes entre las grandes estancias, que aún no han implementado el uso del alambrado. Por ejemplo, en Cañuelas existe una nota dirigida al Ministro de Gobierno Valentín Alsina, firmada por un grupo de grandes ganaderos de esta zona donde figuran entre otros Halbach, Mac Clymont, Pedro y Evaristo Alfaro, Diego y Guillermo Withe, Thomas Hasley, Rosario Acosta (Juez de Paz durante el gobierno de Rosas, de Urquiza, de Alsina, etc., etc.), los hermanos Carranza, Gregorio Dillon y la firma ganadera Benguria Uribelarrea Hermanos. Estos estancieros con gran poder económico y político acusaban a los pequeños propietarios que rodeaban sus campos, de no dejarlos desarrollar sus explotaciones principalmente la cría de merinos, pues intencionadamente provocaban cruzas con sus mestizas con el fin de mejorarlas, a costa de las merinas puras que estos “hombres de bien” habían traído desde Europa lo que les costaba mucho dinero. Entonces pedían ser protegidos contra estos vecinos, pues diariamente se producían enfrentamientos con sus peones por lo cual había tajos y puñaladas; también los acusaban de robo ya que les comían sus corderos finos. Los estancieros directamente querían que esos pequeños propietarios desaparecieran, alegando que no debían existir esas pequeñas propiedades linderas a sus importantes explotaciones por que no tenían la entidad para ser llamadas estancias. (60) Con fecha 10 de septiembre de 1855 la nota es contestada por Dalmacio Vélez Sarsfield y el secretario del Ministro dice que no se les puede prohibir tener sus pequeñas propiedades allí, por un lado, por otro que este es un problema que sufre toda la campaña, que deben dirigirse al Juez de Paz (el Juez esta firmando la nota y será, además, Presidente de la Corporación Municipal un año más tarde) o a la justicia ordinaria. Les aclara que el mal deviene de la falta de toda administración de justicia en la campaña y de la necesidad de un régimen rural – al año siguiente Alsina proyecta el Código Rural consultando a estos grandes propietarios – nueve años después se sanciona el Código Rural que, digámoslo, vendrá a legitimar los abusos contra los peones y pequeños propietarios rurales, y a beneficiar al gran terrateniente poniendo más decisiones en manos de la justicia de paz; pues por ejemplo, el contrato de conchavo deberá ser firmado ante el Juez de Paz y refrendado por él.

El Código Rural de 1865 es el compendio de todas las leyes anteriores de Buenos Aires sobre esta materia, sin variar un ápice su letra; y un dato para nada anecdótico es que la redacción del Código la efectúa una comisión de ricos hacendados porteños entre los que figuran algunos hacendados con tierras en Cañuelas, como Halbach y Alfaro, los mismos que en 1855 oponían sus intereses a los de los pequeños propietarios. Por lo tanto, parece que no es como ha consignado García Ledesma, en su obra Bases Documentales, cuando habla de la “valiosa cooperación de Cañuelas en el Código” a través de “sus hombres de campo” más bien digamos, que Alsina recibió con beneplácito los informes tendientes a mejorar la fortuna y el poder de la clase de ricos hacendados y no que “los intereses de la campaña hacían necesario un Código Rural que contuviera disposiciones referentes a las personas rurales y a la propiedad rural.” (61) Sino, más bien, que los intereses de los grandes terratenientes hacían necesario establecer de manera fehaciente las relaciones patrón – peón; siendo el primero, el único beneficiario del Código. Como se ha expuesto, queda bien claro el rigor con que debía tratarse a los otros “hombres de campo” (los verdaderos) aquellos que no poseían medios de fortuna y que por arbitraje del Juez de Paz, el estanciero y el Código de Alsina, serán encuadrados en la clasificación de vagos y mal entretenidos.

El Código mantenía las penas corporales, en el artículo 306° dice que los castigos podían ser pecuniarios, consistentes en multas, o corporales. (62) La resolución la tomaba el Juez de acuerdo a sus simpatías o a los intereses comprometidos en el caso. Hay que coincidir con el Dr. Rodríguez Molas, en cuanto a que fue “el Código de los privilegios de los propietarios bonaerenses” (63) Lo cierto es que la actividad ganadera y el latifundio eran aún factores de especulación y de riqueza para la elite “civilizada” que no debían ser interferidos. Eso queda bien claro en la nota que se ha comentado de los hacendados de Cañuelas al Ministro Alsina, así como, que las soluciones que persigue el alto magistrado pidiendo opinión a los terratenientes poderosos, son las más convenientes para lograr un mayor grado de inmovilidad social y proletarización en la campaña. Esto también fue visto y denunciado años más tarde por el Ministro de Hacienda Don Rufino Varela, que en 1876, cuando se discutía la legislación sobre tierras que debía producir progreso y neutralizar al latifundio y al acaparamiento de espacios en pocas manos observó: “No es para las grandes fortunas, no es para los grandes capitalistas que debemos hacer leyes de tierras.” (64) En aquella oportunidad Rufino Varela acotaba que si no se votaba el proyecto de ley de tierras, las mismas iban a ser vendidas “Por las leyes que traen atraso a la campaña, por las leyes que permiten el acaparamiento en manos de un solo individuo que explota al infeliz gaucho.” (65) Lo que se ha comentado acerca del Código Rural y todas las disposiciones anteriores, tiene su correlato en la teoría de Engels, en cuanto a que la civilización señala una marcada diferencia entre los derechos y los deberes por cuanto “da casi todos los derechos a una clase y casi todos los deberes a otra.” (66) No es necesario aclarar a quién da los deberes.

No es la intención de este capítulo hacer una apologética defensa del gaucho, sí, señalar los factores que desde mucho tiempo atrás lo vienen reproduciendo y uno de ellos, coincidiendo en un todo con el Dr. Fernando Barba, es este: “el alto espíritu conservador de nuestra clase dirigente basada económicamente, desde poco después de la independencia en la explotación ganadera y el monopolio de la tierra” (67) Lo que sucedió en esta etapa, posterior a Caseros es lo mismo que se ha visto en la anterior, aquél menosprecio de las elites dirigentes hacia las clases menos favorecidas. Los intereses de las viejas familias de Buenos Aires no eran compatibles con una forma de actuar distinta; de tal manera que toda legislación que tendiese a regular los problemas sociales populares, era derogada, atacada, destruida, porque lesionaba los intereses creados de la elite. Por eso se discute el tópico “Sus hombres de campo” usado para Cañuelas, los nombres que se han trascripto no representan a los hombres de campo de Cañuelas, o por lo menos no a todos, como ya se vio ni siquiera vivían en sus estancias de Cañuelas. Se cree, por lo tanto, que se ha tomado, sobre la parcialidad de una ley, un dato histórico que al no ser debidamente complejizado está simplificando una problemática que subyace bajo los vetustos bloques de la oligarquía.

El artículo 2° del Código consigna que “Personas rurales son los dueños, arrendatarios o poseedores, o principal administrador de un establecimiento de campo, que resida habitualmente en él (se sabe que los patrones no vivían en él) así como sus dependientes y asalariados” (68) Está muy claro que el que no está conchabado, o bajo la protección de un mandón será tenido por vago, y aún estando en condiciones de asalariado si este paisano tenía medianamente buenas relaciones en su partido de residencia esto no era garantía para ser tenido por “persona rural.” Por otra parte, el artículo 5° dice que el Código consagra los derechos y libertades de las “personas rurales” o sea, los que mandan y su entorno de favorecidos. El artículo 289° declara “vago a todo aquél que careciendo de domicilio fijo y medios conocidos de subsistencia perjudique la moral por su mala conducta y vicios habituales.” (69) Este artículo junto a aquél que imponía el uso obligatorio de papeleta, cuyo vencimiento implicaba la remisión al Juzgado de Paz donde fuese hallado el peón, para que este se lo remita al patrón o a la inspección general de armas; son los más duros, los que están creando una situación de completa sujeción del peón al poder del patrón. Es desde todo punto de vista una incitación a la servidumbre más vergonzosa, de parte de una civilización que quince años atrás se escandalizaba con el gobierno de Rosas – no se justifica ni se condena aquí ningún acto de Rosas – las pruebas hablan por sí solas.

Ahora bien, este hombre campesino, pleno del instinto de libertad que lo viene caracterizando desde el siglo XVII – como se sostiene – con este tipo de leyes es un sujeto que fácilmente encuentra motivo para infringirlas; aquella característica de entrar y salir del circuito laboral, que no ha perdido, se potencia; y se reproduce con esta legislación; serán más los reputados vagos y mal entretenidos y la respuesta de las autoridades, como lo ha expresado el Dr. Carlos Astarita, aunque él lo hace estudiando al marginal de la Europa bajo-medieval, aquí se han hallado puntos de contacto indiscutibles con su tesis: “La clase de poder da la única respuesta que se puede esperar: la vigilancia coactiva, pero esta es bien difícil desde el momento en que con su misma movilidad alteraban uno de los reaseguros más firmes con que contaba el poder dominante para efectivizar su control.” (70) Aquí la vigilancia coactiva viene dada por la prisión y remisión a los cuerpos de fronteras, impuesta por la letra de las leyes y el desmedido poder de los Jueces de Paz, de tal manera que así como aumentaban las levas también aumentaban las deserciones, y el circuito seguía retroalimentándose con los duros castigos. Una carta del entonces Coronel Mitre, Ministro de Guerra y Marina en 1856, dirigida al Juez de Paz de Cañuelas, es bastante ilustrativa sobre este asunto: “Buenos Aires, enero 8 de 1856, al Juez de Paz de Cañuelas, siendo de urgente necesidad la remonta de los cuerpos de campaña, como de la guarnición, hacer ingresar a los mismos todos los desertores, vagos y dispersos que se hallan plegados a los distritos de campaña, tanto más desde que el exercito de frontera está próximo a emprender sus operaciones sobre los bárbaros. El gobierno dispone que sin pérdida de tiempo y empleando todos los medios de que pueda disponer proceda a la captura de los mismos comisionando al efecto una partida al mando de un oficial...... El gobierno espera que penetrado Ud. de la importancia de esta medida tanto por lo que respecta a la necesidad de aumentar el personal del exercito, cuanto a purificar ese partido de tanto hombre vicioso y perjudicial procederá a darle el más puntual cumplimiento a esta resolución. Firma Bartolomé Mitre” (71) Posteriormente en diciembre de 1856 Mitre deja ver que estas medidas coactivas tienden a proteger las grandes fortunas de la provincia: “para poner nuestra riqueza rural a resguardo de las depredaciones de los bárbaros y considerando que la persecución de los vagos y mal entretenidos es uno de los medios legales que pueden ponerse en exercicio por alcanzar el objeto.” Y agrega que “Esta comisión dará por resultado no sólo el aumento del exercito sino también a la moralización de las masas.” (72) Moralizar, es sin duda inmovilizar socialmente, coartar la libertad de la masa popular sin derechos. Contra estas arbitrariedades se levantarán las voces de algunos hombres de la “civilización” sensibles al drama social de la época: Nicasio Oroño, José Hernández, y hasta Don Leandro Alem. A propósito se transcribe aquí parte de lo expresado por Nicasio Oroño en la legislatura en 1869: “Hasta la fecha se han gastado veinticinco millones de pesos fuertes, sólo en la frontera y si a esto se le agrega el monto de las propiedades perdidas, el decaimiento de la industria, la depreciación de la tierra, el trastorno que causa el servicio forzado, el cautiverio de centenares de personas y la muerte de mayor número, tenemos que retroceder espantados ante este cuadro de desolación y ruina.”....... “Parece que el despotismo y la crueldad con que tratamos a los pobres paisanos, estuviesen en la sangre y en la educación que hemos recibido”......... “Cuando se quiere mandar un contingente a la frontera, o se quiere organizar un batallón se toma por sorpresa y con sorpresa al labrador y al artesano y mal de su grado, se le conduce atrincado a las filas.” (73)

De igual modo y en el mismo año que el anterior personaje, se expresaba José Hernández a través del periódico que dirigía: “Arrebatado a sus labores, a sus familias, quitáis un miembro útil a la sociedad que lo reclama, para convertirlo en un vago, en un elemento de desquicio e inmoralidad.” (74) En 1870 también Estanislao Del Campo se expresa a favor de los habitantes de la campaña menos favorecidos y contra el acaparamiento de campos efectuado por los grandes ganaderos:

“Vaya largando terreno
sin mosquiar el ricachón
capaz de puro mamón
de mamar hasta con freno
pues no me parece güeno
sino que por el contrario
es injusto y albitrario
que tenga media campaña
sólo porque tuvo maña
para hacerse arrendatario.”
(75)

Debe recordarse que en 1867 se sancionó una ley que prohibía la renovación de los contratos de arrendamiento y ordenaba la venta de las tierras dentro de la línea de frontera en fracciones de una legua. Esto parecía que facilitaría la posesión a los pequeños capitales, pero al no limitar la cantidad de lotes que podría adquirir cada comprador derivó en que se continuase acaparando tierra, es más, gran parte de los que eran arrendatarios se convierten en propietarios de las tierras. (76) A esto se refiere Del Campo en sus versos.

Charles Fourier consideraba la propiedad de la tierra como una característica de la civilización y afirmaba que la civilización, además, era la guerra de los ricos contra los pobres. Aquí desde 1810 se esta viendo que el desarrollo de la civilización en el Río de la Plata va reproduciendo dicho antagonismo.

Particularmente en el período que trata este capítulo se ve que aún existe la dicotomía campo – ciudad en toda su expresión pero, desde que la justicia de paz de campaña tiene mayor ingerencia y mayor poder sobre los habitantes, se está desarrollando un conflicto entre la gente que habita en el campo propiamente dicho y los que habitan en los pueblos de campaña. Este antagonismo, a la vez, está siendo reproducido desde la civilización ciudadana. Vale decir, que la civilización extiende, a lo largo de cada periodo, su influencia hacia el campo pronunciando la dicotomía básica que ha expresado Engels entre ciudad y campo y creando en este último la escisión entre las distintas clases que habitan en él. Los peones que trabajan, temporalmente, en las estancias de la elite apuñalan y matan a los pequeños propietarios y a los squaters, por otra parte los jueces de paz y los alcaldes que también habitan la campaña en forma permanente, aplican todo el rigor de las leyes contra aquellos desposeídos y desocupados y a la vez ellos responden huyendo, desertando de los ejércitos, peleando con las autoridades. Engels, ha expuesto: “Desde el advenimiento de la civilización ha llegado a ser tan enorme el acrecentamiento de la riqueza, tan diversas las formas de ese acrecentamiento, tan hábil su administración en beneficio de los propietarios que esa riqueza se ha constituido en una fuerza irreductible opuesta al pueblo.” (77) Y puede agregarse que los representantes que esos propietarios y que el poder tienen en la campaña, se encargan de que esa fuerza sea más irreductible aun.

En tal caso puede formularse la siguiente pregunta: ¿se está frente a un enfrentamiento de clases? Responder este interrogante, de forma afirmativa para este momento histórico del Plata, sin duda requiere mucha cautela en el análisis y requeriría salir del tema y extenderse sobre aspectos teóricos bastante más complejos. Pero suponiendo que aquello se acepte, habría que ver en este enfrentamiento el antagonismo que surge de las relaciones sociales de vida de los individuos, como ha señalado Marx, (78) y a la vez la resolución del conflicto estaría dada, por la represión ejercida por la clase de poder, sobre la clase menos favorecida y en la resistencia de esta. Esa resistencia provoca el desclasamiento de los individuos oprimidos que responden con la no-sujeción, la trashumancia permanente y ocasionalmente con actos delictivos. En una palabra, se forma una franja o mejor dicho, se amplía la franja marginal en esta época; el Estado por su parte implementa literalmente la caza de estos sujetos, como ha dicho Mitre, para “Moralizarlos”. La figura para producir esa moralización fue la del vago y mal entretenido que, como se ha visto, abarcaba una amplia gama de casos y de personas. En junio de 1856, Mitre pide al Juez de Paz de Cañuelas, le envíe por lo menos seis individuos para la remonta del ejercito de frontera y que haga recaer la elección en “aquellos hombres más libres ya por vagos, mal entretenidos y sin familia.” (79) Es amplia la libertad de criterio que la nota deja en manos del Juez de Paz, esta orden le podía caber a cualquiera; recuérdese que con sólo la acusación verbal de un Juez o Alcalde era suficiente para que comenzaran las penurias de un gaucho. Para graficar más el asunto se halla en Cañuelas una nota del Alcalde del cuartel IV Juan Carabajal de 1866 que dice textualmente: “Cañuelas septiembre de 1866. Se remite preso al individuo Bitorino Silba por vago y sin papeleta y sigun noticias otras causas más tiene 39 años recomiendo no se descuide con él- Juan Carabajal Alde. José Bruno Tte. Alde.” (80) Este individuo con seguridad el único delito en el que incurría era no tener papeleta (según el Código del año anterior) quizá porque no votó o porque no tenía conchavo; téngase en cuenta que el grado de instrucción en la mayoría de los casos era nulo y esto se suma a la gama de males que sufría el gaucho, la mayoría de ellos no entendía ni le importaba la letra del Código Rural.

Parece oportuno formular otro interrogante, esbozado ya en el título del capítulo, y es ¿Cuándo, en qué circunstancias estos gauchos se hacían malos? Porque hay que tener en cuenta que, si bien la forma de resistencia contra la sociedad que los oprime, los veja, los obliga a marginarse, la constituye la figura del gaucho alzado, andar matrereando (dormir sobre las matras del recao) no todos son malos, digamos mal entretenidos con todas las de la ley. Es verdad que el marginal del que se trata aquí entra fácilmente al circuito delictivo pero se trata, mas bien, de un cuatrero, uno que roba una vaca por el cuero, la lengua, los asados o que se roba una tropilla, pero rara vez mata, no es un asesino. Sabido es que el gaucho hacía gala de su facón, pero en las pulperías, donde pasaba la mayor parte del tiempo, sólo visteaba, y ese “deporte” del visteo (hoy en día en algún boliche de campaña suele verse esta escena, aunque más no sea con la alpargata) era a primera sangre, le bastaba con rayar al contrario. Sarmiento lo ha pintado bastante bien cuando explicó: “El hombre de la plebe de los demás países, toma el cuchillo para matar y mata; el gaucho argentino lo desenvaina para pelear e hiere solamente, es preciso que esté muy borracho, es preciso que tenga instintos muy malos o rencores muy profundos para que atente contra la vida de su adversario. Su objeto es sólo marcarlo” (81) Por lo tanto cabe preguntarse también, en cual de estas tres posibilidades hay que encuadrar a un sujeto como Juan Moreira. Porque si se analiza primero la obra de Hernández, “Martín Fierro” se ve claramente que la persecución, la arbitrariedad lo llevan a vivir de matrero y cometer asesinato. Hernández plasmó una realidad de la época y lo que Fierro vive se puede transpolar a cualquiera de los gauchos que se encuentran en los documentos de cualquier Archivo de esta provincia, o de la cuenca gaucha en general. Pero con Juan Moreira es otra cosa, uno es el real y otro muy distinto el que relata Gutiérrez o el que presentaron los Podestá en el circo criollo, o el Moreira que mostró Fernando Ochoa en el cine.

Hay que hacer una distinción entre el gaucho, el gaucho malo y el delincuente rural nato. Moreira, según Nerio Rojas está encuadrado en este segundo concepto. Si se sigue el análisis efectuado por el Dr. Fernando Barba, se tiene que Moreira comenzó su carrera delictiva en 1869, cuando según la primera filiación que conocemos, contaba 28 años de edad. (82) Si por un momento no se tiene en cuenta lo expresado por Rojas – citado por Barba – y si por el contrario se atiende a lo escrito por Gutiérrez, y otros dichos pertenecientes a la historia oral local, - Moreira estuvo en muchas oportunidades en Cañuelas – podría inferirse que tuvo que existir una causa muy poderosa para que Juan Moreira, matase al Teniente Alcalde de Navarro Juan Córdoba el 5 de agosto de veintinueve puñaladas. Moreira oriundo de Matanza, vecino respetable, resero, dueño de una pequeña fortuna, felizmente casado, estaba vinculado al poder y esto lo hacía más respetable, ya que combinaba su actividad campera con la política siendo puntero del partido Autonomista y guardaespaldas de Alsina, y porque aquel Teniente Alcalde pretendía a su mujer o por celos políticos había cierta pica que Moreira dirimió matándolo con tremenda alevosía. De tal manera que Moreira no era malo sino que tuvo que huir y a partir de allí se convirtió en un matrero y luego en un protegido de los políticos, o sea, el hombre entró en desgracia, y así anduvo hasta que la muerte lo sorprendió trágicamente en Lobos el 30 de abril de 1874.

El cuentito, donde se mezclan los datos históricos con la fantasía popular, muy normal en las biografías que se han mitificado, no parece sustentarse más allá de eso, de la fábula. Existe un dato hallado en el Museo y Archivo Histórico de la Municipalidad de Cañuelas, que estaría confirmando de alguna manera lo expuesto por Nerio Rojas y por el Dr. Barba, en el sentido de que Juan Moreira era un delincuente profesional nato y no un perseguido que mato victima de la emoción violenta, por la presión del sistema, como pudo hacer Martín Fierro. Se trata de una nota fechada en el cuartel II de Cañuelas el 27 de julio de 1856 y reza textualmente: “Al Señor Juez de Paz y Comisario Don Bentura Cano – El infrascripto remite preso al ladrón Juan Moreira alias Sosa, por robarme mi caballo ensillado, robarle cien pesos m. c. a Tomás Ruis y un sombrero y un poncho a Simón Bilches en la tarde del 23, me puse en persecución de este malvado y lo tomé a las inmediaciones de la Billa de Luján, en la tarde del 26, pongo en su conocimiento que del robo sólo faltan mis estribos de plata y el dinero porque dice lo jugó y para averiguar esto. Dios guarde a U. Muchos Años Miguel Fuentes Alde. Qtel 2°.” (83)

De acuerdo con la anterior nota, Juan Moreira desde edad muy temprana ya era delincuente, ladrón y jugador, cosa normal por otra parte en un gaucho de esa época, probablemente el andar en esa senda desde la juventud lo convirtió en un hombre peligroso luego de ser un perseguido por la justicia. Las dudas sobrevienen con la edad, si se toma como referencia la filiación de 1869, donde dice que tiene 28 años; para 1856 el personaje tiene sólo 15 años, es menor de edad, y es raro que el Alcalde no lo consigne en la nota, puesto que en otros documentos similares esto se aclara. Sin duda las filiaciones, tanto de 1869 como la de abril de 1874 no son exactas, en esta última dice que tiene entre los 36 y 48 años de edad. Por tal motivo se cree que en 1869 tendría entre 30 y 34 años, entonces así en 1856 rondaría los 20. Y entonces si, es un delincuente nato que va escalando grados de peligrosidad con el tiempo; porque también cada vez estaría más jugado. Otro dato no menor y que viene a abonar lo escrito por Barba, es otra nota fechada en Cañuelas el 20 de enero de 1874, cuando el Juez de Paz Deciderio Dabél pide a Octavio Bunge le remita unos expedientes que aquí se extraviaron, sobre una causa que se le había abierto “al forajido” en 1871, y como se sabe que está en el pago cree que podrá apresarlo. (84) El hecho de que se le abra causa en Cañuelas en 1871, y el tenor de la nota, está indicando que Moreira viene delinquiendo tupido en la zona y desde hace tiempo. Ahora, también hay que contemplar que de no haberse alejado de Alsina para militar a ordenes de Marañón, caudillejo mitrista, Moreira hubiese vivido un tiempo más.

Usando este contrafactual, se pretende inferir que Moreira era, además de vago y mal entretenido, ladrón y homicida peligroso, un muerto político desde el instante en que desertó de las filas del autonomismo. Este hecho hizo aflorar todo su prontuario, al que se suma la figura de matón a sueldo, con mayor fuerza, como denotan las ochocientas fojas de su causa penal y la de sus cómplices. Por ultimo Juan Moreira, extralimita la categoría de vago y mal entretenido es un homicida, por lo tanto, no es comparable a los otros gauchos de los que se trató aquí, aunque también es un producto de aquel sistema económico-social y político. E. Gutiérrez lo transformó en un paladín, y de allí puede surgir alguna confusión en el común de la gente, incluso en aquellos paisanos que concurrían al circo de los Podestá y se posesionaban de tal forma que, olvidando que aquello era una obra teatral, atacaban a los actores que hacían de milicos, por defender al pobre Moreira. “El real: matón, político, asesino a sueldo, guardaespaldas de caudillos, ya había muerto, olvidándoselo(el pueblo) en 1874.” (85)

Será cuestión de poco tiempo, para que la civilización entre en un nuevo ciclo y avasalle a este ultimo grado de barbarie, el país cambiará su base económica netamente ganadera y comenzará a crecer la agricultura, llegarán masivamente los inmigrantes extranjeros, se difundirá el alambrado a lo ancho y largo de la provincia, los bárbaros del primer estadio serán doblegados en los próximos dos años; luego de la batalla de Paragüil. El progreso coartará la libertad del gaucho, y logrará que éste mute y pase a ser paisano con un importante chorro de sangre extranjera en su sangre. Como ha dicho el Dr. Carlos Mayo, en adelante sólo habrá peones.

Notas y Citas Bibliográficas
(1) Recalt, Gustavo. “Curas y Gauderios en el Plata y zona de influencia Siglos XVII – XVIII. Incidencia de la Compañía de Jesús en la formación del tipo Gaucho”. F.H.C.E.U.N.L.P Trabajo realizado para la Cátedra de Problemas de Historia Americana Colonial, seleccionado para el Congreso de la Academia Nacional de la Historia a efectuarse en La Plata agosto de 2003. Pág. XII Consideraciones finales.
(2) Torre Revello, José. En “Gauchos” antología de Gabriel Taboada. TEA ediciones Bs. As. 1992. Pág. 283
(3) Recalt, Gustavo. “El Gaucho y su Ser Social: Somera noticia de nuestro tipo rural a partir de los presupuestos teóricos del Materialismo Dialéctico” Cátedra de Metodología II F.H.C.E.U.N.L.P. Pág. III
(4) Ibarguren, Carlos. Cita de Emilio Coni en “Gauchos, Argentina, Brasil, Uruguay” Solar Hachette Bs. As. 1969 Pág. 187
(5) Coni, Emilio. Op. Cit. Pág. 188
(6) Coni, Emilio. Op. Cit. Pág. 182
(7) Sarmiento, Faustino Valentín, llamado Domingo. “Facundo Civilización y Barbarie aspecto físico, costumbres y hábitos de la Republica Argentina” Editorial Losada Bs. As. 1963, sobre la base de la edición francesa de 1874. Pág. 101
(8) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 69
(9) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 70
(10) Barba, Fernando E. “Economía y revolución” Conferencia auspiciada por el AHPBA y el Museo y Archivo Histórico de la Municipalidad de Cañuelas (en adelante MyAHMC) 24 de mayo de 2002. Grabación en MyAHMC.
(11) Engels, Friedrich. “El origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado” Cap. IX Barbarie y Civilización, Ed. El Progreso Moscú 1981. Pág. 340
(12) Engels, Friedrich. Op. Cit. Pág. 341
(13) Barba, Fernando E. Conferencia Op. Cit.
(13) Engels, Friedrich. Op. Cit. Pág. 340
(14) Diario del viajero Oyarvide en: Coni Emilio “El Gaucho” Op. Cit. Pág. 173-74
(15) Barba, Fernando E. Economía y Revolución Op. Cit.
(16) Luna, Félix. “Domingo F. Sarmiento” en: Grandes protagonistas de la Historia Argentina. Ed. Planeta Bs. As. 1999 Pág. 59
(17) Engels, Friedrich. Op. Cit. Pag. 334
(18) Mayo, Carlos A. “Sobre peones, vagos y mal entretenidos; el dilema de la economía rural rioplatense durante la época colonial.” En Polémica: Gauchos, campesinos y fuerza de trabajo en la campaña rioplatense colonial. Separata del anuario de IEHS N° 2 Universidad del Centro de la Provincia de Bs. As. Tandil 1987. Pág. 29
(19) Mandrini, Raúl “Guerra y paz en la frontera bonaerense”revista Ciencia Hoy Vol. 4 N° 23 marzo-abril 1993 Pág. 27: “A partir de 1783, las relaciones pacíficas entre ambas sociedades fueron ganando lugar, haciéndose estables desde 1790 hasta la segunda mitad de la década de 1810”
(20) véase Mayo, Carlos Op. Cit. Pág. 28
(21) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 71
(22) Carta de Bustos a Quiroga, cita de Félix Luna en: “Grandes protagonistas de la Historia Argentina” Facundo Quiroga. Ed. Planeta Bs. As. 1999
(23) Engels, Friedrich. Op. Cit. Pág. 345
(24) Barba, Fernando E. “Frontera ganadera y guerra contra el Indio” Ed. De la UNLP 1997 Pág. 106
(25) Halperin Donghi, Tulio. Citado por Saford en Historia de América Latina Cap. VI América Latina Independiente 1820-1870 Leslie Bethel Editór. Pág. 67.
(27) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 96
(28) Luna, Félix. “Grandes protagonistas de la Historia Argentina” Juan Manuel de Rosas, Ed. Planeta Bs. As. 1999 Pág. 67
(29) Saford. Política; Ideología y Sociedad. En Historia de América Latina Leslie Bethle Editor. Pág. 81.
(30) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 104.
(31) Sánchez Zinny. La Guardia de San Miguel del Monte 1580-1830. Pág. 121.
(32) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 105.
(33) Engels, Friedrich. Op. Cit. Pág. 345, 346.
(34) Rodríguez Molas, Ricardo “Historia Social del Gaucho”, Ediciones Marú, Bs. As., 1968, Pág. 212.
(35) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 213.
(36) Engels, Friedrich Op. Cit. Pág. 346.
(37) Bagú, Sergio “Los unitarios el partido de la unidad nacional” en Revista de Historia N° 2, Pág. 25.
(38) Barba, Fernando E. “Disertación sobre el Pacto de Cañuelas”, Cañuelas, 27/06/99, Grabación en MyAHMC.
(39) Luna, Félix “Juan Manuel de Rosas” en Grandes Protagonistas de la Historia Argentina. Ed. Planeta, 1999, Pág. 130.
(40) Sarmiento Op. Cit. Pág. 106.
(41) Bagú, Sergio Op. Cit. Pág. 25.
(42) Bagú, Sergio Op. Cit. Pág. 25
(43) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 105.
(44) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 105.
(45) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 105, 106.
(46) Engels, Friedrich Op. Cit. Pág. 350.
(47) Mayo, Carlos A. Op. Cit. Pág. 32.
(48) Astarita, Carlos “Dinámica del Sistema Feudal, Marginalidad y Transición al Capitalismo” en: Disidentes, Heterodoxos y Marginales en la Historia. Edición de la Universidad de Salamanca, Pág. 23
(49) Cárcano, Miguel Ángel “Evolución Histórica del Régimen de la Tierra Pública” 1810-1916, EUDEBA 1972, Pág. 48.
(50) Cárcano, Miguel Ángel Op. Cit. Pág. 48.
(51) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 214.
(52) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 231.
(53) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 234.
(54) Cárcano, Miguel Ángel Op. Cit. Pág. 74.
(55) MyAHMC Borrador de la nota del Juez de Paz a Don Máximo Terrero, enero 27 1852. Papeles de García Ledesma, Cuerpo 1, Anaquel 1, Caja N° 4.
(56) García Ledesma, Lucio V. “Bases Documentales para la Historia de Cañuelas”, Editor Municipalidad de Cañuelas, 1994, Pág. 69.
(57) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 252.
(58) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 253
(59) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 275
(60) MyAHMC Nota de los hacendados de Cañuelas al Ministro Alsina, 06/IX/1855, 6 fojas – Papeles de García Ledesma – Cuerpo 1-Anaquel 1-Caja 2-Documento N° 271.
(61) García Ledesma, Lucio V. Op. Cit. Pág. 81.
(62) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 283.
(63) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 283.
(64) Barba, Fernando E. Los Autonomistas del 70, Pleamar, 1976, Pág. 46.
(65) Barba, Fernando E. Op. Cit. Pág. 47.
(66) Engels, Friedrich Op. Cit. Pág. 351.
(67) Barba, Fernando E. Op. Cit. Pág. 61.
(68) Código Rural de la Provincia de Bs. As., noviembre de 1865, cita de Fernando Barba, Op. Cit. Pág. 62.
(69) Ibidem Op. Cit. Pág. 62.
(70) Astarita, Carlos Op. Cit. Pág. 37
(71) MyAHMC, Nota de Mitre al Juez de Paz Rosario Acosta, Documento N° 48, Juzgado de Paz de Cañuelas-Departamento Histórico Judicial. Caja: 1855-1862, Custodia.
(72) MyAHMC – Custodia Departamento Histórico Judicial, Documento N° 64, Ministerio de Guerra y Marina, Mitre al Juez de Paz de Cañuelas, Caja 1855-1862.
(73) Estracto del discurso pronunciado por el Senador por Santa Fe Nicasio Oroño en el Senado de la Nación en 1869, Cita de Ricardo Rodríguez Molas. Op. Cit. Pág. 383.
(74) Hernández, José Periódico El Nacional, 10 de agosto de 1869 “La seguridad de las fronteras” Cita de Fernando Barba Op. Cit. Pág. 64.
(75) Del Campo, Estanislao “Gobierno Gaucho” Cita de Fernando Barba Op. Cit. Pág. 66.
(76) Barba, Fernado E. Op. Cit. Pág. 38.
(77) Engels, Friedrich Op. Cit. Pág. 352
(78) Marx, Karl Prefacio a la “contribución a la economía política.” 1859
(79) MyAHMC custodia – Depto Histórico Judicial – caja 1855-1862 – Documento N° 50 Mitre al Juez de Paz de Cañuelas.
(80) MyAHMC custodia- Dpto. Histórico Judicial Caja 1863-1871 Documento N° 132 Notas Alcaldes al Juez de Paz.
(81) Sarmiento. Op. Cit. Pág. 69
(82) AHPBA “Causas celebres: Juan Moreira” 1869-1879 filiación del prófugo Juan Moreira 1869 foja 05 El Dr. Barba cita el año en la Nota Preliminar.
(83) MyAHMC custodia Dpto. Histórico Judicial, caja 1855-1862 Documento N° 1 Notas Alcaldes.
(84) MyAHMC Papeles de García Ledesma. Cuerpo 1 Anaquel 1 Caja N° 3
(85) Rodríguez Molas, Ricardo Op. Cit. Pág. 435.

Autor: Gustavo Recalt.

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