El conservadorismo en la Argentina - La Unión Vecinal Conservadora de Lobos: su carácter atípico

Investigación sobre el origen, e influencia del conservadurismo con especial enfoque en Lobos a través de la Unión Vecinal Conservadora. Este artículo corresponde a la publicación El conservadorismo en la Argentina ¿un caso de administración eficiente, fraude e inorganicidad partidaria? (La Unión Vecinal Conservadora de Lobos: su carácter atípico), escrito por el Lic. Prof. Adrián Abel Jorge.

INTRODUCCIÓN:
La modesta pretensión de estas breves líneas apuntan a describir en forma somera los antecedentes de la ideología conservadora, particularmente en su desarrollo histórico en nuestro país y los efectos generados para la transformación de la Argentina.

Para poder comprender adecuadamente la conformación de esta ideología me remito a la antigüedad en sus comienzos y a los períodos que podrían considerarse en la historia de nuestro país como determinantes para su delineamiento.

La expectativa abierta el 14 de mayo de 1995 y su posterior reelección en 1999, luego de transcurrido un prolongado período de cuatro décadas como oposición política, donde nuevamente la Unión Vecinal Conservadora de Lobos se impone con el Dr. Juan Erriest encabezando las candidaturas locales, motiva al autor la realización de este humilde trabajo a modo de ensayo.

La bibliografía consultada es de variado carácter y autores, tratándose de fuentes fidedignas, éditas, y elementos de la tradición oral, particularmente local, recogidos del modo más objetivo posible, válidos en cuanto aspectos vivenciales del uso popular.

DESARROLLO
1. El conservadorismo. Antecedentes remotos. Delimitación Terminológica:
La figura de Edmund Burke1, parlamentario británico del Partido Liberal o "Whig", actúa como nexo que concilia las tradiciones políticas inglesas: la propia y la "Torie" o "conservadora", pudiendo considerárselo como liberal al defender intensamente a los colonos norteamericanos frente a la dura política tributaria impuesta por el rey Jorge III.

Al mismo tiempo, su posición frente a los hechos revolucionarios en Francia especialmente a partir de las extralimitaciones contra la familia Real, deja entreveer la defensa de los valores profundamente tradicionales como ser la forma monárquica, a la que considera como valor permanente, que debe conservarse. En su famosa obra "Reflexiones sobre la Revolución Francesa" aparecen contempladas sus ideas conservadoras y liberales, mostrando su preocupación por diferenciar la Revolución Inglesa de 1688 y la Francesa en 1789. La expresión siguiente2 contenida en la obra mencionada, expone muy acabadamente su pensamiento: "Gracias a nuestra obstinada resistencia a la innovación, gracias a la pereza fría de nuestro carácter Nacional, llevamos aún la impronta de nuestros antepasados… No somos los adeptos de Rousseau, ni los discípulos de Voltaire… nuestros predicadores no son ateos ni nuestros legisladores locos. Sabemos que no hemos hecho ningún descubrimiento, y creemos que no hay descubrimientos que hacer en moralidad, ni tampoco muchos en los grandes principios del gobierno, ni en las ideas sobre la libertad… En Inglaterra no hemos sido todavía vaciados y recosidos para ser rellenados, como los pájaros de un museo, con paja, con trapos y con malos y sucios recortes de papeles sobre los derechos del hombre". Pero, del mismo modo, no puede catalogárselo como un conservador reaccionario sino como partidario de la evolución antes que de la revolución. Busca según su propio decir un "cambio para conservar" [3], ya que todas las reformas realizadas se habían efectuado teniendo en mira las tradiciones y los antepasados, a fin de poder mirar con más fuerza hacia la posterioridad.
Sintetiza su pensamiento reflejando su posición particularmente conciliadora de esta manera: "La inclinación a conservar y la habilidad para mejorar, tomados juntos serán mi modelo como estadista"[4].

Sus observaciones demuestran una ideología, tradicionalmente considerada como conservadora, más allá de que se ubicase él mismo como perteneciente al Partido Liberal: la disciplina y obediencia del ejército, la percepción de una renta efectiva y bien distribuida, la moralidad y la religión, la seguridad y la propiedad, la paz y el orden, las costumbres cívicas y sociales. Todas estas condiciones son entendidas por Burke como necesarias para la vigencia de la libertad.

Son, dichas condiciones, las que fueron alteradas y/o violentadas por los revolucionarios franceses, como también el protagonismo adquirido por determinadas figuras que alcanzaron el gobierno sin reunir caracteres personales para liderarlo.

Concretamente, se refiere a los miembros del tercer Estado y del clero, y se muestra convencido de un gobierno minoritario de abolengo [5] pero eficiente.
No queda él únicamente como el nexo de los partidarios "Whigs" y "Tories", sino que luego de la ejecución de Luis XVI, despierta las adhesiones de todos sus colegas parlamentarios sin distinción de colores políticos.

En América fueron estas dos tendencias las que polarizaron las ideologías con mayor énfasis a partir de la segunda mitad del siglo XIX reflejando casi fielmente su modelo. Estas dos corrientes designadas generalmente como "Tradicionalista" o “Conservadora” una y como "Liberal" la otra, no mantuvieron siempre posiciones doctrinarias coherentes y tuvieron caracteres diferenciales en los distintos estados, coincidentes unas veces y divergentes otras.

Los elementos tradicionalistas se inclinaban por una continuidad, no con las instituciones anteriores a la independencia, sino con el espíritu que había predominado en el período de dominación hispánica.

Los sectores calificados como liberales, en cambio, fomentaban la implantación de una nueva mentalidad; despreciaban lo español y preferían las ideas e instituciones francesas que manifestaban el espíritu de las revoluciones burguesas de 1789, de 1830 y 1848.

En algunos países americanos la disputa por imponer una determinada forma de estado coincide también con una determinada ideología, aunque sin que por ello existiera una uniformidad total; por ejemplo, en nuestro país los unitarios o centralistas eran "Liberales", en cambio en Venezuela o Brasil, éstos eran partidarios de la "Federación" y los grupos conservadores defendían el centralismo [2].

Desde mediados del siglo XIX [7] en adelante, los partidos de inspiración liberal se fueron imponiendo en casi toda Hispanoamérica. Los Congresos Constituyentes fueron estableciendo constituciones y estatutos de carácter liberal en nuestro suelo, en Chile, Perú, Uruguay, Venezuela, Colombia, entre otros países. Debe darse a la palabra liberal el contenido filosófico que les inspiró en aquella época y no al sentido ambiguo que por su abuso ha tomado en la actualidad.

Como particularidad argentina puede señalarse que no ha existido lucha entre conservadores y liberales; y por el contrario han cooperado y unificado: en el caso de la conformación del P.A.N. (Partido Autonomista Nacional) con el monopolio del poder durante fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
En el apartado siguiente paso a referirme de modo particular acerca del rol desempeñado por el conservadorismo en nuestro país.

1. Alcance de la expresión en nuestro país
Volviendo al sentido evidenciado en mi exposición anterior, un prestigioso pensador europeo como el francés Guy Sorman [8] entiende que el liberalismo ha sido utilizado a modo de pantalla para ocultar el auténtico rostro de la ideología conservadora en la Argentina.

Del mismo modo que sostiene una posición respetuosa hacia quienes se declaraban sus partidarios, entre los que cabe contar el célebre Jorge Luis Borges.

Es notable como observa, asimismo, la escasa precisión terminológica refiriendo el diferente alcance que el vocablo tiene en Gran Bretaña donde se confunden conservadores con liberales y en los Estados Unidos donde los liberales suelen ser socialistas [9]. Con su pensamiento europeo divide las aguas liberales y conservadoras, y caracteriza a cada una de ellas.

Califica a la forma democrática como esencialmente conservadora ya que sólo esporádicamente han apoyado movimientos revolucionarios. Es conservadora porque prevé los sistemas para su propia subsistencia: la elección de los dirigentes, pero también para poder expulsar a los malos dirigentes [10].

Ya en los prolegómenos de nuestra conformación como Nación encontramos las diferencias entre grupos enfrentados unos defensores de las estructuras tradicionales existentes y otros impulsores de la transformación y el cambio. La pugna instalada en los tiempos de la Primera Junta entre Saavedristas y Morenistas, como sostenedores de sendas posturas lo demuestra. En igual sentido, aunque con diferentes matices, según las épocas: las disputas entre federales y liberales a partir de la organización constitucional de 1853.

Los enfrentamientos entre los partidarios del reingreso del "Estado de Buenos Aires." al seno de la nación, los nacionalistas o Mitristas y aquellos sectores que propiciaban la total soberanía del nuevo estado, autonomistas, de la mano de Alsina.

2. Peronistas versus antiperonistas desde 1945
El ciclo de presidentes que asumen el gobierno con posterioridad a la unificación nacional acaecida en Pavón genéricamente han sido calificados como presidentes conservadores [11]. ¿Por qué si lo que pretendieron ellos fue lograr la transformación del país, dotándolo de nuevos marcos institucionales, sociales, culturales, económicos y políticos ? Podría denominárselos de este modo si se tuviera en cuenta que se ha llamado conservadores a los defensores y sostenedores de los valores y tradiciones propios.

Roca y la generación del 80 toda ha sido considerado tradicionalmente como oligarca y conservadora sin haberse realizado un análisis profundo de su obra y su pensamiento.

Un autor como Félix Luna, cuya vocación democrática es indudable, afirmó que [12] su acción logra insertar a la Argentina en los circuitos del consumo y de la producción mundial mediante la explotación racional de la tierra con la tecnología más avanzada para la época, "hizo bastante, lo que tenía que hacer en ese momento".
Alfredo Dellavalle y Armando Cittadini [13] calificaron a este movimiento como "excluyente y autoritario".

Las consideraciones historiográficas con respecto a esta generación difieren. Carlos Floria y César García Belsunce [14] le reconocen dos alternativas: como el punto de partida de una envidiable aventura política, social y cultural, o como un período de encrucijada. Según su visión, el análisis político nos muestra que marcó una verdadera

Izquierda: Eulogio M. Berro (1907-1915).

ruptura con el pasado, ya que superada la sucesión presidencial, la capitalización porteña y la integración del patrimonio nacional de las extensas tierras del sur, se impuso como dominante del liberalismo conservador [15] que opera como justificación de un orden, de un régimen y de un tipo de sociedad, y fue término aglutinante a las tendencias que en otros países de América se muestran enfrentadas tal como me referí en el párrafo final del apartado anterior.

A diferencia de su antecedente generacional del 37, aquí no encontramos autoridades intelectuales de la estatura de un Sarmiento, Alberdi, Mitre o Hernández, sino políticos esencialmente pragmáticos: Roca, Pellegrini, Juárez Celman.

Podríamos decir que no existe contradicción entre liberalismo y conservadorismo en la Argentina sino, por el contrario, una confusión de intereses que refiere Sorman, coincidiendo con estos autores recién nombrados. Mal podría llamarse conservadores [16] a los sectores que desde el poder gubernamental impulsan la transformación de las estructuras del país, entre ellos la ruptura del poder acumulado por la Iglesia Católica (sanción de las leyes de educación obligatoria [17], gratuita y laica; creación del Registro Civil y establecimiento del Matrimonio Civil ) y la transformación de la dinámica poblacional a partir del fomento de la inmigración de origen europeo.

Quien asume la presidencia en 1880, el General Julio Argentino Roca, definido como un caudillo pragmático, hábil y conservador inteligente. Fue llamado el “Zorro” por sus opositores, utilizó como plataforma y canal de comunicación política al “Partido Autonomista Nacional”, que reunió a los sectores más poderosos de la economía y política nacional. Ha sido frecuente considerar al P. A. N. como el tronco del conservadorismo, frente al cual se encontraba el radicalismo, hasta llegar al poder en 1916 por aplicación del sufragio universal obligatorio y secreto que estableció la ley dictada en 1912, durante la presidencia de Roque Sáenz Peña.

Entre los años 1880 y 1912 podríamos ubicar tres momentos diferenciados con respecto al control del aparato político. A partir de 1880, durante la presidencia de Roca el eje político es el P. A. N., ya nombrado, viejo partido de origen alsinista al que se sumaron sectores provinciales que apoyaron al nuevo presidente. Desde entonces había, y hasta el inicio del nuevo siglo, hegemonía gubernamental y control de la sucesión a través del fraude.

Quedan nítidos los rasgos propios de una oligarquía funcional y capaz de controlar la rotación del poder: presidentes, ministros, gobernadores y legisladores operarían de acuerdo con las reglas de juego de la llamada “alianza de los notables” para quienes el club era sede para la relación política y ámbito para el reclutamiento de dirigentes.

La dominación hegemónica del P. A. N. continuó durante la presidencia del concuñado de Roca, Miguel Juárez Celman, quien profundizó el carácter excluyente del oficialismo y del pequeño grupo que los sustentaba al proclamar el “unicato” (régimen que unificaba en la persona del presidente la jefatura del partido oficialista).

La “Revolución del Parque” es un puñal artero en la democracia fraudulenta y tramposa, pero que por acomodación de las circunstancias mantiene con vida al “Roquismo” mas desprendiéndose tan sólo del “Juarismo” (el hijo desconocido del régimen), retorna vigorosamente de la mano del “Acuerdo” con Mitre, buscando ampliar la base de sustentación política, para enfrentar a la crecientemente organizada oposición de la Unión Cívica Radical.

De éste modo queda marcado otro de los asuntos fundamentales del orden conservador. El acuerdo apuntaló al devenido presidente Carlos Pellegrini, luego de las derrotadas revoluciones de 1893 y 1905 encabezadas por los radicales.

Como un tercer, y último momento, puede considerarse el lapso que se inicia con la presidencia de Manuel Quintana caracterizado por un progresivo deterioro político del general Roca y su sustitución por los juegos que en 1912 sancionaba la ley electoral, pasando por Figueroa Alcorta y el mismo Roque Sáenz Peña .

También a partir de 1880 la intervención federal seguirá siendo utilizada como intento de control político pero conociendo la naturaleza de su objeto: mientras que antes representaba la lucha contra conflictos territoriales, ahora asentada sobre el poder político nacional la intervención federal buscará controlar las oposiciones emergentes dentro y fuera del régimen institucional. Así, desde Roca hasta Victorino de la Plaza, todos los presidentes hicieron uso de este “remedio” constitucional como el radio que desde un centro se extiende a la periferia.

La profesión militar de Roca condiciona su gobierno, y además ha tenido el apoyo de notables protagonistas del quehacer castrense de ese momento (como por ejemplo Luis María Campos), iniciando un camino que tiende a identificar al conservadorismo con el poder militar [18].

En su artículo "La generación del 80.Las ideas y el ensayo" Adolfo Prieto sostiene que desde la caída de Rosas la primera presidencia de Roca posee la extraña virtud de generar el respaldo de todas las funciones. Aprovechando la estabilidad política colocó en acción al frustrado plan alberdiano de las "Bases" y bajo el lema "paz y administración" la libertad de comercio, la radicación de los capitales extranjeros, el trazado de líneas férreas, la incorporación del desierto a las actividades productivas, el acceso de varios centenares de miles de inmigrantes, convertía en palpable realidad algunas de los más ambiciosos postulados de Alberdi” también son destacadas (aunque sin mejorar las profundas transformaciones operadas) las serias distorsiones de este esquema político excluyente de las masas populares.

Estos cambios ocurridos transforman fuertemente la vida cultural del país: las transformaciones edilicias de la ciudad de Buenos Aires, el reflorecimiento de la universidad, la profesionalización del periodismo al estilo europeo (en los importantes diarios porteños “La Nación” y “La Prensa” por ejemplo) y particularmente el nuevo enfoque de la vida que señalaba la filosofía positivista.

Paul Groussac, citado por Prieto, puede ubicarse como el más ácido crítico de la generación, a la que reconoce como intelectualmente avanzada y progresista, pero a la que acusa de olvidar las propias raíces. Tal vez el frenesí transformador pudiera disculpar esta omisión. La erudición y preparación intelectual de los protagonistas de la generación no puede quedar en duda a partir de considerar los nombres de Pedro Goyena, José Manuel Estrada, Eduardo Wilde, Lucio Mansilla, Eugenio Cambaceres, Miguel Cané, todos ellos literatos y escritores de prosapia. Quedaría por decir que estos intelectuales y protagonistas del 80 dejaron de lado el sentir nacional , aunque sería injusto para insignes nombres como Calixto Oyuela, que rescata la tradición hispanista y nacionalista; Rafael Obligado cuyo “Santos Vega” venía a recuperar las mejores tradiciones y los vínculos con el viejo tronco español y nacional; Ernesto Quesada, cuyos poemas nacionalistas dejan entrever un trasfondo xenófobo frente al cosmopolitismo creciente fruto de la inmigración.

La sanción de la ley nacional 8871, conocida como la Ley Saénz Peña en 1912 que estableciera el sufragio universal masculino, secreto y obligatorio para los mayores de dieciocho años, constituye un conjunto de reglas que aseguran la participación electoral abierta con posibilidad de alternar en el poder a los distintos sectores políticos y simultáneamente redefine las relaciones entre sociedad civil y Estado, o al menos crea las condiciones institucionales para ello.

Desde este momento podemos identificar con claridad como principales agrupaciones: la Unión Cívica Radical constituida en 1891, el Partido Socialista creado en 1896, el Partido Demócrata Progresista de aparición más reciente, originado en 1914, y una cuarta fuerza, a veces denominada como el "partido ausente" [19] representativa de "la derecha" [20] y heredera del Partido Autonomista nacional (P. A. N.) que nunca alcanzó a constituirse orgánicamente como tal siendo un agrupamiento de fuerzas locales afines a la ideología y también numerosos intentos por lograr la unidad, siendo el primero de ellos la conformación del Partido Unión Nacional, sostenedor de la candidatura presidencial de Roque Sáenz Peña, en las elecciones del 3 de mayo de 1910. [21]

Un agudo analista contemporáneo a la sanción de la ley de sufragio universal, como Leopoldo Mayor [22] publica un interesante análisis en la reconocida entonces Revista Argentina de Ciencias Políticas acerca de la posición ocupada por los distintos agrupamientos políticos en el seno de la sociedad civil.

Izquierda: Carlos E. Cucullu (intendente 1915-1917).

Efectuó una comparación en paralelo de los dos grandes partidos nacionales del momento, a los que califica como burgueses: la Unión Nacional y la Unión Cívica Radical, "uno y otro representan el interés de dos fortunas actuales y en consecuencia del orden social en el que han nacido y que los mantiene. Ambos tienen un interés conservador; pero el primero, al mismo tiempo que representantes de ese interés es el representante de una aspiración". Afirma que su interés es legítimo y justifica su inspiración conservadora. La Unión Cívica es el rico que tiene escrúpulos de conciencia, tiene el interés de conservador pero su aspiración es progresista. Reconoce la legitimidad de los anhelos de la mayoría numérica, pero teme su realización inmediata. Le repugna el egoísmo cínico del conservador pero desconfía de las exageraciones e inculturas del elemento popular.

Más que elocuentes son estas palabras, la defensa del establishment, que corre por cuenta de las dos fuerzas mayoritarias y que sólo se diferencian por matices insignificantes. En el plano de las transformaciones realizadas cabría preguntarnos ¿Cuál de las dos operan las transformaciones modernizadoras de las arcaicas estructuras del país? Indudablemente que ambas: las erróneamente denominadas fuerzas conservadoras conducen a la Argentina hacia la prosperidad económica, la inserción en el mundo y la nacionalización de la educación, mientras que la Unión Cívica Radical rescata la participación popular democrática como fundamento de legitimidad de la sociedad estatal.

En el decir de Rodolfo Rivarola [23], los nombres de los partidos están mal puestos y ello origina equívocos. Para el caso del Partido Conservador corresponde efectuar dos

objeciones: no se trata de un partido ni es conservador [24]. En el primer caso se trata de un conglomerado de agrupaciones provinciales continuadoras del P. A. N., luego del fracaso de la Unión Nacional, unidas en su lucha contra el avance de la U.C.R. En el segundo de los casos hay que destacar que no es conservador, muy por el contrario ha sido progresista y aunque partidario de la función tutelar del gobierno frente al pueblo por el temor a una desacertada elección. Nunca ha calificado el sufragio y ha aceptado los ideales liberales proclamados en la Constitución de 1853.

La interpretación producida por Ansaldi sobre las palabras señala un dato de la realidad: el límite del liberalismo conservador llega hasta la economía, pero no abarca el ámbito político, su gran deuda pendiente, a pesar de los intentos de Roque Sáenz Peña por configurar un auténtico partido de derecha democrática o de la instalación del Partido Demócrata Progresista como alianza de fuerzas conservadoras independientes en "un poderoso partido nacional que pudiera combatir con éxito tanto a los radicales como a los socialistas" [25].

El análisis de los guarismos resultantes de las elecciones presidenciales consecutivas de los años 1916, 1922, 1928 nos demuestra que el único partido nacional orgánico es la U.C.R., seguida por una gran presencia en todos los distritos electorales del país: el conservadorismo. Los conservadores están presentes en todas partes pero, aunque siendo una corriente política de alcance nacional, no son un partido de categoría nacional, constituyen más bien una formación política - ideológica [26].

Entre los más destacados agrupamientos provinciales pueden citarse:

  • Partido Autonomista en Corrientes y Entre Ríos.
  • Concentración Cívica en Entre Ríos y San Juan.
  • Concentración Conservadora en Catamarca y San Juan.
  • Concentración Nacional en Capital Federal (1912).
  • Partido Conservador en Buenos Aires, donde el nombre es persistente.
  • Partido Conservador en La Rioja (1916).
  • Partido Demócrata en Córdoba y San Luis.
  • Partido Liberal en Corrientes, Mendoza, San Luis y Tucumán.
  • Partido Popular en Jujuy, Mendoza y San Luis.
  • Unión Democrática en Santiago del Estero.
  • Unión Popular en La Rioja.
  • Unión Provincial en Salta, Santiago del Estero y alternativamente en otras provincias.
El año 1916 marca el fracaso por constituir una fuerza orgánica de derecha democrática bajo los auspicios de Roque Saénz Peña y de Indalecio Gómez, a lo que se suma el frustrado hecho de no haberse sumado las fuerzas conservadoras provinciales con el Partido Demócrata Progresista para evitar el acceso de Yrigoyen al poder en la elección del Colegio Electoral (70 y 64 electores respectivamente, sin contar a los radicales disidentes santafecinos y socialistas ). 1927 señala una fecha de otro fallido intento de unificación de alcance nacional en la reunión electoral en Córdoba de la “Coalición Nacional de las Derechas” y como antecedente del más verdadero Partido Demócrata Nacional, creado en 1931 luego de la caída de Yrigoyen el año anterior.

También son ensayados algunos experimentos electorales y por tanto pasajeros. Así para las elecciones presidenciales de 1922 es anunciada la conformación de la “Concentración Nacional” de la mano de una fórmula conciliadora: Norberto Piñero, representando a los sectores más tradicionales y Rafael Núñez, entonces gobernador cordobés, por los sectores impulsores de reformas democráticas. La misma se ubica lejos de las candidaturas radicales: 200.007 votos (22,8 %) contra 491.172 sufragios, y sólo se imponen en dos distritos: Corrientes, tradicional bastión conservador, aún en la actualidad, con el 57 % y Salta, como Unión Provincial, con el 45 % de los sufragios [27].

El caso de las elecciones del 28 presenta una extraña particularidad: la fractura del oficialismo radical. Las fuerzas conservadoras concurren al comicio apoyando a la fórmula contraria al ex presidente y nuevamente candidato Yrigoyen, perteneciente a la derecha escindida bajo las candidaturas de Leopoldo Melo y Vicente Gallo en el llamado “Frente Único”, que se ve perjudicado ante la extrema polarización con la Unión Cívica Radical. Este frente hace una buena elección en provincias económica y socialmente tradicionales como Catamarca, San Luis, Santiago del Estero y La Rioja, aunque también Entre Ríos; pero su derrota se siente más profunda en los cuatro distritos de mayor peso económico, social y político: Capital Federal, Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, donde no superaron el techo del 25 % [28].

Las fórmulas presidenciales de 1932 y 1938: Agustín Pedro Justo – Julio Argentino Roca (hijo) y Roberto Ortiz – Ramón Castillo, respectivamente, donde son electos como parte integrante de la alianza electoral de la "Concordancia", cuyo eje estaba constituido en torno al Partido Demócrata Nacional junto a radicales antipersonalistas y socialistas independientes, de tendencia conservadora.

Cuando en 1932 llega al poder el general Justo a través del voto fraudulento asume un camino de profunda dependencia respecto de la política británica. Su gobierno marca un hito importante en el predominio del interés expresado por el capital inglés, que se manifiesta a través de tres medidas gubernamentales:

  • La creación del Banco Central.
  • La creación de la Corporación de Transportes.
  • El Tratado Roca- Runciman.
En el primero de los casos, se concreta en 1935 al sancionar el Congreso la ley 12155, por la que se concedían amplias atribuciones a este nuevo banco, entre las cuales se destacaban:

1.Concentrar suficientes reservas para moderar las consecuencias de las fluctuaciones en las exportaciones y las inversiones de capitales extranjeros, sobre la moneda, el crédito y las actividades comerciales a fin de mantener el valor de la divisa argentina.
2.Regular la cantidad de crédito y de los medios de pago, adaptándola al volumen real de los negocios.
3.Promover la liquidez y el buen funcionamiento del crédito bancario y aplicar funciones de inspección, verificación y régimen de los bancos.
4.Actuar como agente financiero y consejero del gobierno en las operaciones de crédito interno o externo y en la emisión y atención de los empréstitos públicos.
5.Emisión de billetes.

Por su parte, la integración de la Corporación de Transportes, se establece con todos los transportistas de Buenos Aires, imponiéndose de esta manera un monopolio de los transportes que garantizaba beneficios económicos suculentos para sus integrantes. Los pequeños transportistas se vieron afectados al tener que pasar a formar parte como socios minoritarios de una corporación dominada por capitales ingleses.

El Tratado Roca- Runciman es un hecho característico de la época que merece un especial análisis. Hacia 1932 por los pactos de Ottawa, Gran Bretaña otorga preferencias a sus colonias y ex colonias para la compra de materias primas. Como nuestro país no tenía otros grandes clientes, el presidente Justo decidió enviar una misión a Londres encabezada por el vicepresidente Julio Argentino Roca (hijo) en busca de un acuerdo. La negociación tuvo como resultado compromisos muy fuertes por parte de la Argentina: aceptar que el 85 % de la producción fuera canalizada según principios angloamericanos, reducir las deudas de importación de productos británicos, no reducir las tarifas de los ferrocarriles ingleses, que las divisas inglesas resultantes de nuestra exportación fueran reinvertidas en compras inglesas y protección para las empresas de capital británico, todo ello a cambio de la promesa de mantener el nivel de compra de carnes argentinas en el tope alcanzado en 1932. Por supuesto que las críticas fueron feroces: así Arturo Jauretche desde F.O.R.J.A. lo denominó el “estatuto legal del coloniaje”, pero también generó encendidas defensas. En este sentido Robert Potash, coincidiendo con Floria y García Belsunce, lo defiende considerando que en la situación del momento el gobierno carecía de alternativas, buscando por lo menos igualar su posición con las colonias y ex colonias británicas.

Además, su gobierno fue bastante prolífico en obras públicas, a él se debe el primer trazado de la red vial pavimentada de la Argentina. Los caminos que van de Buenos Aires a Mar del Plata, de Buenos Aires a Mendoza pasando por Río Cuarto y de Buenos Aires a Córdoba pasando por Rosario, son obras del general Justo. Durante su gobierno se aprobó la ley de vialidad, por la cual cinco centavos del precio de entonces de las naftas se destinaban a un fondo que permitiría la creación de nuevas rutas pavimentadas, a las que hizo correr paralelas al ferrocarril ayudando a intensificar la competencia del camión, más barato que las tarifas ferroviarias.
Puede decirse que durante la década del 30 el intervencionismo del Estado fue total, no sólo los organismos mencionados sino también en la producción de materias primas, mediante la política de Federico Pinedo: así llegó a volcarse vino en Mendoza, se redujeron áreas de cultivo, se trató de que la producción permitiera a los productores agropecuarios salir adelante (juntas reguladoras de carne, de maíz, de trigo, de algodón, del vino, entre otras).

Todas estas medidas, consecuencias de la crisis tuvieron un alto impacto en los sectores populares. Se generó desocupación, los gremios ferroviarios debieron aceptar reducciones de sueldos y los empleados públicos estuvieron impagos durante mucho tiempo.

Estos hechos tuvieron algunos resultados medianamente positivos como la aparición de una pequeña y mediana industria: talleres, pequeñas tejedurías, laboratorios químicos y farmacéuticos, y hacia 1935 la crisis fue pasando, evidenciándose en la proliferación de huelgas, con trabajadores cada vez más concientes de sus derechos y por tanto organizados para ello.

Los grandes negociados no estuvieron ausentes en esta particular década, siendo los más resonantes el escándalo de la CHADE, que involucra a notorias personalidades políticas y concejales porteños en un gran soborno para prolongar la concesión del servicio eléctrico para la Capital Federal; y el caso de las tierras de El Palomar durante la presidencia de Ortiz, en terrenos que el Ministerio de Guerra quería comprar para construir el Colegio Militar.

La generalizadamente conocida como “década infame” fue una buena década, de no ser por la excepción del fraude que oscurece todo lo sucedido, especialmente desde que se superan los años peores de la crisis, y envileció a una democracia que aún defectuosa era promisoria [29]. En un sentido absoluto la obra de Rosendo Fraga “Ni década ni infame”rechaza todos los cargos realizados al período.


Arriba Reunión del Comité Conservador, circa 1970.

La ideología bajo estudio cede terreno casi definitivamente con el advenimiento del fenómeno peronista, resultado de la revolución nacionalista del 4 de junio de 1943.
La fuerte atracción generada por Perón y el movimiento que él lideraba, dan paso a un profundo abismo entre las desperdigadas fuerzas conservadoras. Así, quedan configurados dos bloques irreconciliables. Los proclives a un acercamiento con Perón y su doctrina constituyeron el Partido Conservador Popular dirigido por Vicente Solano Lima, que llega a alcanzar en 1973 la vicepresidencia en la fórmula peronista junto a Héctor Cámpora. El número de dirigentes conservadores que desde 1945 se habían adherido a Perón había sido numeroso.

Contrariamente, los sectores que enérgicamente redujeron toda posibilidad de acuerdo dieron forma a la Federación de Partidos de Centro.

Arriba: Arturo F. Manenti (25 de junio de 1957-24 de julio de 1957).

En épocas relativamente recientes, el viejo tronco conservador se ha visto escindido en numerosas agrupaciones que han intervenido en los procesos electorales con suerte diversa y sin poder desestructurar la polaridad peronismo-antiperonismo:

  • Unión del Pueblo Argentino (U.D.E.L.P.A.) conducido por el general Aramburu, reivindicaba su obra al frente del gobierno revolucionario posterior al golpe contra Perón en 1955. Alcanzó el 7 % de los votos en las elecciones de 1963.
  • Alianza Popular Federalista: liderada por el ex marino Francisco Manrique, que obtiene en los comicios de 1973 el tercer lugar con el 12 % de las preferencias del electorado.
  • Partido Cívico Independiente y Nueva Fuerza, constituyen junto a la U.C.E.D.E. las agrupaciones fundadas en torno a la figura del Ingeniero Alvaro Alsogaray, que alcanzan relativa trascendencia. Actualmente este partido se encuentra prácticamente desintegrado como resultado de la notoria cercanía y participación de sus principales dirigentes en la gestión de Carlos Menem, inclusive en el ámbito lobense que ve consolidar como fuerza de derecha a la Unión Vecinal Conservadora a través de su triunfo el 14 de mayo de 1995.
3. Acontecer Provincial: Influencia y protagonismo conservador en Lobos
Los grandes sucesos nacionales marcan y determinan los aconteceres políticos provinciales y locales. En este sentido la "cuestión capital" modificó sensiblemente el panorama político lobense. Quedan así conformados dos grupos diferenciados:

  • Los defensores de la declaración de la ciudad de Buenos Aires como capital de la República, integraron el llamado "Partido Nacional" conducido por Bartolomé Mitre.
  • Los sectores opuestos, sostenedores de una total autonomía bonaerense constituyen el "Partido Autonomista" bajo la dirección de Alsina.
Esta diferenciación perdura en Buenos Aires a pesar de la posterior unificación a nivel nacional a partir de 1880, constituyéndose el Partido Autonomista Nacional (P.A.N.), instrumento político de la Generación del 80 y de modo particular del "Roquismo".

Su decadencia como sostenedor de la ideología conservadora de fines del siglo pasado es un proceso paralelo al debilitamiento del poder roquista.

Como ya me referí antes, no alcanza a vislumbrarse en el transcurso de nuestra historia una conformación orgánica partidaria que contuviera y diera cauce a las fuerzas conservadoras. De todos modos, el intento más serio en tal orientación es la creación, durante la presidencia de José Figueroa Alcorta en 1908, del "Partido Conservador" en el ámbito de la provincia de Buenos Aires por su entonces gobernador Ignacio Irigoyen.

Puesto que es rasgo común a la tradición de los partidos políticos argentinos, el motivo que da origen a la génesis de esta fuerza encuentra su fundamento en las rencillas mantenidas entre el presidente Figueroa Alcorta y el antecesor de Irigoyen como gobernador: Marcelino Ugarte, cuyas aspiraciones presidenciales eran públicas y notorias, buscando el presidente socavarlas, ya que se trataba de un líder exponente de la vieja guardia y obstaculizaba la labor purificadora iniciada por el devenido mandatario, que le granjeaba la oposición oficialista y del Roquismo.

Don Bernardo de Irigoyen [30], ex caudillo de Roca en su primera presidencia, convertido en radical y en sucesor de Leandro Alem como jefe de la U.C.R a su muerte, a impulso del jefe radical intransigente Hipólito Yrigoyen acepta la candidatura a gobernador de la provincia y resulta electo. Teniendo presente que la imposibilidad para gobernar era visible por falta de mayoría en la legislatura decide buscar el apoyo del sector conservador bajo el liderazgo del viejo líder fraudulento Marcelino Ugarte. Alrededor de "Don Bernardo" y su grupo "coalicionista" se reúnen viejos seguidores de Pellegrini y participantes en 1890 en el Parque fieles a Alem, como Adolfo Saldías y Joaquín Castellanos, contrarios a la dura intransigencia planteada por el sector "anticoalicionista".

No obstante el acuerdo expresado, la obstrucción parlamentaria fue permanente al punto de lograr luego, en marzo de 1898, una controvertida elección para legisladores, la intervención federal a los tres poderes provinciales. Así la provincia quedaba nuevamente en sintonía con el Gobierno Nacional (segunda presidencia de Roca), de la mano del nuevo gobernador: Marcelino Ugarte.

La situación relatada se relaciona estrechamente con el surgimiento del partido conservador, en Buenos Aires y en Lobos, ya que ante las maniobras dirigidas por Ugarte en pugna por obtener la sucesión presidencial de Figueroa Alcorta, éste operando a favor de Roque Sáenz Peña decide convocar al viejo grupo formado entorno a don Bernardo de Irigoyen: los “Radicales bernardistas”, a los que se suman antiguos elementos Mitristas, autonomistas seguidores de Alsina y Pellegrini, entre los más destacados, para dar lugar a una nueva formación política: el “Partido Conservador de la Provincia de Buenos Aires” en 1908, como un telón de fondo que contuviera las desmedidas aspiraciones del gobernador de la provincia apoyatura fundamental del presidente electo en 1903 y fallecido en marzo de 1906: Manuel Quintana.

Izquierda: Dr. Juan Erriest.

Son los mismos sectores políticos que confluyen cuando en el mismo año , también queda constituida la agrupación en Lobos. En la misma ya aparecen notorios apellidos de familias actualmente adherentes a las filas partidarias: Erriest – Rossi – Del Buono – Masola.

Entre ellos se destaca don Eulogio Berro, primer presidente del partido e Intendente Municipal por entonces. Fue hijo del segundo intendente de Lobos don Nicanor Berro [31].

Habiendo pertenecido a los antiguas filas del P.A.N., cuyo jefe local era Manuel Caminos, su suegro, partícipe en la revolución de 1893 contra el entonces gobernador de Buenos Aires Julio Costa, prescindente en los hechos del 90, luego se incorpora a la U.C.R. bajo la conducción del Dr. Antonio Hiriart. Además de intendente, en los períodos 1907 a 1914 y en 1917, fue diputado y senador. Logra siendo diputado la sanción de la ley que otorga la autonomía a Roque Pérez, y ocupa posteriormente el cargo de primer comisionado. Relata Quaglia [32] que siendo diputado, durante el tratamiento de un proyecto para expropiar terrenos aledaños a una estación de ferrocarril, presentado por un diputado conservador, con tufillo a negociado, ante la sorpresa de este legislador por la precisión en los datos para rebatirlo que estaba manifestando otro, socialista, Berro con absoluta franqueza expresa al proponente que ha sido él quien se los ha proporcionado. El año 1908 determina su alejamiento de la U.C.R. y su incorporación al flamante partido conservador hasta su muerte, buscando en todo momento evitar los atropellos contra los opositores, debido a su personalidad de bien y a su gran amistad con el jefe radical don Antonio Hiriart hubo en Lobos solo adversarios políticos y no enemigos. Mal puede considerarse que haya sido un gran administrador, pero si "el más grande caudillo que ha tenido Lobos", calificación que proviniendo de un radical como Quaglia, es un elogio.

Don Manuel Antonio Caminos Arévalo, hijo del primer juez de paz en 1836 y nieto por línea materna del coronel de la independencia Domingo Soriano Arévalo, fue el primer intendente del partido en desempeñarse con tal título a partir de 1887, en su carácter de jefe local del P.A.N., llamado también "vacuno" [33], denominado así porque sus principales dirigentes eran en su mayor número hacendados.

Concuerdan los autores y la tradición popular, en que durante su gobierno se hicieron obras edilicias importantes para la creciente modernización del pueblo casi ciudad. Por ejemplo, se mejoran las plazas 1810 (por entonces Buenos Aires) y Tucumán, teniendo la primera la colocación de un molino y cañerías subterráneas para su riego, se efectuaron obras de desagüe construyéndose el canal Salgado y sendos puentes sobre éste y el Muñiz. Una de sus más discutidas medidas fue la instalación de un Hipódromo, financiado con acciones de cien pesos, siendo él designado presidente de la Comisión de Carreras.

Ante la intervención de la Comuna dispuesta por el controvertido gobernador Julio Costa, se retira y aconseja a sus allegados, incluido su yerno Eulogio Berro, a sumarse a la Unión Cívica Radical.

El Dr. Eulogio Del Mármol fue compañero de promoción del Dr. Tomás Perón (abuelo del Teniente General Juan Domingo Perón). Fue médico y tuvo destacada actuación en la epidemia de fiebre amarilla en 1869 en auxilio de los enfermos, intervino como médico forense en la autopsia del cuerpo de Juan Moreira y luego al exhumarse el cadáver conserva el cráneo entregándoselo luego al Dr. Perón. Fue seguidor de Mitre, ocupando impecablemente los cargos de Juez de Paz en 1877, Presidente de la Municipalidad en 1885 y 1886 e Intendente Municipal en 1894 y 1895.
Según el decir de Quaglia "por su hombría de bien y desinterés por el ejercicio de la profesión, era muy apreciado y considerado un filántropo".

Aproximándonos en el tiempo caben destacarse las figuras de don Arturo Cardoner, Intendente de Lobos durante tres períodos: en 1932, 1955 y 1957, siendo en estas dos últimas oportunidades Comisionado Municipal del gobierno de la Revolución Libertadora que derroca a Perón.

Izquierda: Arturo Cardoner.

También tuvo destacada actuación comunitaria como fundador y presidente del Consejo Superior de la Escuela Popular de Adultos y Formación Profesional, también participó en sus comienzos de la Sociedad Rural de Lobos y promotor y creador de Cooperativas Tamberas. Consagrado durante gran parte de su vida a conducir la firma "Arturo Cardoner e Hijos" dedicada a remates y ferias de ganado, con décadas de presencia en el desarrollo local lobense.

La administración conservadora de Cardoner ha sido caracterizada como correcta, seria, eficiente, acompañada de la realización de numerosas obras públicas.
Y el Dr. Francisco Mastropietro, habiendo sido el primer director del hospital local, inaugurado en 1930 y realizado una progresista obra, a partir del 20 de mayo 1942 ejerce la Intendencia Municipal por espacio de un año hasta julio de 1943.
La relación entre las Fuerzas Armadas y algunos sectores afines al conservadorismo determina que en numerosos casos, no sólo en Lobos, sean convocados algunos hombres de sus filas para desempeñar funciones públicas durante gobiernos de facto, tal es el caso de don Abel Francisco Culela (Macoco), para titularizar la Intendencia del Municipio desde el 28 de noviembre de 1969, entregando el mando al profesor Rubén Sobrero del peronismo al restaurarse el orden constitucional en 1973.

Antes de finalizar este trabajo no quiero dejar de referirme a los sucesivos cambios de denominación que ha sufrido la estructura conservadora en Lobos, que en casos como el "Partido Conservador Autonomista" y el "Partido Demócrata Conservador" ha correspondido a una agrupación de jerarquía provincial y en el último y actual de los casos Unión Vecinal Conservadora de Lobos, ya configurada en oportunidades anteriores, responde exclusivamente a una organización de nivel municipal, ahora desde 1995, contando con un número aproximado de quinientos afiliados. Es interesante destacar la fidelidad y perseverancia con que los anónimos afiliados mantienen su adhesión a la ideología y apoyan las diferentes estructuras partidarias, llamando la atención y mereciendo el elogio el caso particular del señor Adavel de Paula, vecino de Empalme Lobos, que ante la imposibilidad de estampar su firma en la ficha de la renovada U.V.C., estampa su impresión digital como muestra de su conformidad a la remozada propuesta política.

CONCLUSIÓN:
Para concluir estas líneas debo preguntarme si el interrogante planteado ha sido respondido.

No cabe lugar a dudas que la extensión conceptual del mismo es amplio, pero son los tres ejes desde los cuales pueden abordarse las ideas conservadoras.
En el aspecto que se refiere a la eficiencia en las administraciones, hasta los opositores y cuestionadores de los períodos conservadores reconocen el carácter serio y prolijo de estos períodos, así las presidencias de Roca, Pellegrini y Justo, con una coincidente excepción: Miguel Juárez Celman, y hasta las buenas intenciones de Roberto Ortiz por legitimizar con su ejercicio la práctica gubernamental y buscar la pureza del sufragio.

La inmigración y el cambio en la dinámica poblacional, las nuevas redes comunicacionales, la educación elemental al alcance de las masas, no pueden dejarse de reconocer como transformadoras de una realidad todavía cuasi colonial. Por ello podríamos decir que las administraciones conservadoras y en especial las encabezadas por los exponentes de la generación del 80 conducen al tránsito de la "Argentina Criolla a la Argentina Moderna".

No puede ocultarse bajo la grandiosidad de la transformación generada la dura realidad de que la base del sistema estaba construida sobre la "máquina electoral" del "fraude patriótico" supuesto salvador de los errores del pueblo en su elección de los gobernantes. Lamentablemente, esta función tutelar propia de los conservadores en su consideración de la sociedad civil no es la única y exclusiva, nuestra historia reciente nos ha demostrado que los elementos paternalistas continúan gravitando en la vida política argentina.

La última de las cuestiones sostenidas en el planteamiento ab initio, la circunstancia que las fuerzas conservadoras no hayan logrado alcanzar una estructura orgánica permanente, evidencia la supremacía de las antiguas situaciones provinciales que habían confluido en la conformación del P.A.N. (Partido Autonomista Nacional), más que un partido un movimiento entorno a las personalidades carismáticas de intereses oligárquicos porteños y del interior argentino. Los intentos realizados nos muestran coaliciones electorales de momento por tanto transitorias, no debiendo escapar de nuestra atención la conformación de un intento renovador y purificador desde dentro de las propias filas del régimen: la "Unión Nacional" de José Figueroa Alcorta y Roque Sáenz Peña. Inscribiéndose también en esta línea la creación del único grupo conservador constituido con todas las letras: el "Partido Conservador" en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, incluido Lobos.

Para finalizar, los autores locales y observadores políticos unifican criterios en la conocida consideración de las administraciones eficientes del Partido Conservador en el Municipio de Lobos. Así trascienden Caminos, Berro, Cardoner, Mastropietro, como indiscutidos en la corrección y honestidad, más allá de las críticas puntuales en cuestiones político – partidarias.

Juzgar la tarea iniciada por las actuales autoridades municipales, no sólo no responde a criterios históricos científicos, sino que tampoco correspondería axiológicamente en el momento presente, tarea más cercana a la ciencia política que a la historia.

No ha sido pretencioso este relato, sólo ha buscado mínimamente sistematizar un área temática escasamente abordada, de fuentes dificultosas, entroncando la realidad del conservadorismo desde sus orígenes terminológicos e ideológicos hasta la práctica del gobierno local actual en nuestro Municipio de Lobos, y quedando abierto desde ya a profundizar sus cuestiones.

Notas:
1 Citado por Rodríguez Varela, Alberto en
Historia de las ideas políticas A. Z. Editora, Buenos Aires, 1989, Pág. 292.
2 Op. cit Pág. 293 y 294.
3 Op. cit Pág. 294.
4 Op. cit Pág. 294.
5 El subrayado es mío.
6 En los Estados Unidos cabe aclarar que el "liberal" con acentuación en la primera sílaba corresponde a una tendencia política de izquierda progresista.
7 De modo tardío, con respecto a los EEUU o Europa Occidental.
8 En
No a la decadencia de la Argentina Editorial Atlántida. Buenos Aires. 1989.
9 Op. Cit Pág. 192 y ss.
10 Para el caso de los países de tradición occidental.
11 El subrayado es mío.
12 En
Breve historia de los argentinos , Editorial Planeta. Bs. As. 1994. Pág. 140 y ss.
13 En
Historia Argentina en procesos. Editorial Huemul. Bs. As. 1994.
14 En
Historia política de la Argentina contemporánea 1880-1983. Editorial Alianza Universidad. Madrid – Bs. As. 1982. Pág. 62 y ss.
15 El subrayado es mío.
16 En
Luna Félix, Op. Cit. Pág. 135.
17 En
Floria, Carlos y García Belsunce, César, Op. Cit. Pág. 67.
18 Tendencia acentuada durante las décadas siguientes.
19 En Ansaldi, Waldo – Pucciarelli Alfredo y Villarruel José
Argentina en la paz de las dos guerras 1914-1945 Editorial Biblos, Buenos Aires, 1992, Pág. 20.
20 Op. Cit. Pág. 20.
21 Op. Cit. Pág. 22 y ss.
22 Op. Cit. Págs. 26 y 27.
23 Op. Cit. Pág.25.
24 El subrayado es mío.
25 Op. Cit. Pág.28.
26 Op. Cit. Pág.44.
27 Op. Cit. Pág. 47.
28 Idem.
29 En Luna, Félix Op. Cit. Pág.199 y 200.
30 En Memorial de la Patria
El tránsito del siglo XIX al XX por Julio Irazusta. Ediciones La Bastilla Buenos Aires 1975 Pág.180 y ss.
31 En Quaglia Juan G.
Lobos, mi pueblo. Editorial Santamarina. Lobos, 1974. Pág. 67 y ss.
32 Op. Cit. Pág. 67 y ss. En igual sentido Angueira Juan R.
El pago de los Lobos.
33 Op Cit. Pág.58 y ss.


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Autor: Lic. Prof. Adrián Abel Jorge.

1 comentarios:

Brillante crónica de aspectos significativos del conservadorismo.... Un verdadero aporte al conocimiento histórico que debe tener todo argentino sobre sus raíces y la ideología que cimentó a este país y al mundo. Me enorgullece que haya autores con semejante claridad conceptual. Vayan pues mis felicitaciones.
Dr. Juan Carlos De Marco
Presidente
PARTIDO DEMÓCRATA CONSERVADOR de la P.Bs.As. - PADECO

25 de mayo de 2014, 23:05 comment-delete

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